Presentación: ¿Por qué seguir corriendo?

Publicado: 6 octubre, 2008 en General

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El deporte puede acabar convirtiéndose en algo paradójico, en el que el que la línea que separa lo razonable y lo rematadamente insensato es muy, muy delgada.

Si corres, si montas en bicicleta, si sales al mar en una canoa, llueva, truene o caiga el sol a plomo, si participas en carreras por parajes inhóspitos, en completa soledad, hasta casi el límite de tus fuerzas, si dedicas tu tiempo libre a escalar rocas, o a perderte entre montañas donde no se oiga más el ruido del tráfico, si has caído, si tus costillas, tus codos, tus rodillas y las yemas de tus dedos han probado muchas veces lo áspero que puede ser el suelo, si has sacrificado muchas noches de diversión para levantarte al amanecer para acabar perdido Dios sabe dónde, quizá algunas veces te preguntas, ¿dónde empezó todo esto? ¿y por qué sigo?

Los deportes de resistencia te permiten experimentar el compañerismo en su estado más desnudo, te ayudan a formar parte de un grupo reducido, que comparte una misma pasión minoritaria, te hacen entender el valor de la ayuda cuando realmente se necesita. También te permiten sentirte familar con sitios recónditos, que sólo un puñado de gente conoce, algunos de aquellos sitios que aparecen en los libros y los mapas viejos, y que la mayoría de nuestros conciudadanos del asfalto ni siquiera sospechan que existen. Y, sobre todo, te permiten perderte en ti mismo, abstraerte de la realidad y conectarte al suelo que pisas de una forma incomparable a la de ninguna otra cosa que hagas.

Pero debe haber algo más. Porque más allá del punto en el que tienes todo lo anterior sigues corriendo, sigues pedaleando, sigues escalando, sigues remando, para llegar ¿a dónde? ¿En qué momento el sufrimiento se convierte en una recompensa? Todavía no tengo una respuesta, y no estoy del todo seguro de que cuando la encuentre vaya a gustarme.

Nos sentimos especiales y somos manipulables. Las historias de autosuperación son emocionantes, y esa emoción se puede utilizar con facilidad para conmovernos. Habrá que tener cuidado, porque en medio de la conmoción algún espabilado querrá vendernos unas zapatillas hechas con el tejido de los trajes de astronauta, o una bicicleta fabricada con la misma aleación de los circuitos del acelerador de partículas.

Como muestra un botón, por todos conocido.

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