XXVIII Maratón de Sevilla [19.02.2012]

Publicado: 20 febrero, 2012 en Pruebas
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Maratón homologado: 42km 190m; Perfil prácticamente plano; Zapatillas Nike LunarElite

Track y ruta interactiva, Clasificación, Vídeos de Meta

Segundo intento frustrado de mejorar mis 3h 13′ de mejor marca, y segunda vez que viene el tío del mazo a dejarme KO tras 30 kms. corridos con más valentía que cabeza. Eso resume casi todo lo que hay que contar, en lo que a mi actuación se refiere, aunque todo lo demás bien merece unos comentarios, en su mayoría elogiosos.

Empezamos el sábado por la tarde: la recogida de dorsales se cierra a las 8pm, así que el bueno de Joe y yo vamos con tiempo y, desconociendo las distancias y el trasporte público, decidimos dar un paseo. Por el camino descubrimos quizá el único ‘pero’ de esta carrera. El Estado Olímpico, donde se sitúa la línea de salida y la feria del corredor, está a media hora larga del centro de Sevilla. Además, para una ciudad con tanto encanto como ésta, el paseo y el lugar de destino claramente la desmerecen. Los alrededores del estadio parecen haber envejecido antes incluso de haber sido totalmente terminados, y el estadio mismo produce una cierta sensación de descuido.

La entrega de dorsales, sin embargo, está perfectamente organizada. Hay más que suficiente personal y, por tanto, las colas son inexistentes. Y la bolsa del corredor está magníficamente dotada: camiseta técnica, shorts de running y calcetines, todo de marca Joma, probablemente de más valor en tienda de lo que costaba la inscripción anticipada.

A las 6.45 de la mañana siguiente suena el despertador, y nos levantamos con tiempo suficiente para el desayuno que marcan los cánones. Los nervios y la expectación se mezclan a partes iguales. Para Joe es la segunda maratón, para mi ya es la cuarta. He entrenado meticulosamente durante varios meses, pero un desafortunado encadenamiento de gripes y problemas digestivos cortó todo intento de preparación razonable hace casi un mes. Sinceramente, no sé que esperar de mi cuerpo (incertidumbre que luego se demostraría justificada).

Enfrentados a la necesidad de trasladarnos de nuevo hasta la quinta puñeta, esta vez tomamos un taxi. Llegamos. Es temprano, pero los alrededores del estadio ya bullen de actividad. Cientos de operarios de aquí para allí, seguridad, voluntarios y corredores, muchos corredores, se mueven como hormigas a nuestro alrededor.

Entramos en las entrañas del Estadio, y en ese momento es cuando uno empieza a entender por qué esta maratón, dicen, es la mejor organizada de la Península. Llama la atención la rapidez de funcionamiento del guardarropa, y el gran número de baños químicos, casi sin colas. Personalmente, me sorprenden dos cosas. La primera es que haya una zona climatizada para cambiarse, con suficientes sillas para todos y con grandes estufas. La segunda: una amplia zona de calentamiento (en realidad una pista de tartán cubierta) para ir entrando en materia sin sufrir las bajas temperaturas que, incluso en Sevilla, nos está deparando este invierno.

Se está bien dentro, pero me vence la curiosidad y salgo al anillo del estadio. Incluso con las gradas vacías, impresiona. Empiezas a imaginarte lo que será cruzar ese mismo túnel en la llegada a meta. Una de las marcas de la casa, que con más frecuencia aparece mencionada en las crónicas de decenas de corredores blogueros como yo. Empiezo a dar mis primeras vueltas de calentamiento. Las sensaciones son buenas. El ambiente se caldea y, antes de darme cuenta, ya estoy hombro con hombro con otros cinco mil corredores esperando el disparo…

Y por fin, la salida. Un poco lenta, por la necesidad de tener que apretarnos para atravesar las puertas del Estadio, pero, ya fuera, en seguida se abren largas avenidas que permiten coger velocidad de crucero en poco más de un minuto. A un lado y a otro, amplias extensiones sin construir, edificios de nueva arquitectura desperdigados. Impresiona cruzar el puente sobre el Guadalquivir para encarar el tramo de la carrera pero, pasado este punto, todo empieza a ser bastante monótono. El recorrido es llano, amplio, las avenidas se hacen kilométricas, interminables, y el paisaje no tiene gran cosa que destacar. Los kilómetros se suceden rápidamente uno detrás de otro en la primera mitad, pero poco a poco, las piernas empiezan a acusar el castigo físico y psicológico. Cruzo la media maratón con buenas sensaciones en 1h 34′ 33”. Sin embargo, para cuando empiezan a aparecer algunos puntos reconocibles (el Sánchez Pizjuán, el parque de Maria Luisa, la zona de Plaza de España…), mi cuerpo comienza a lanzar claras señales de alarma. Tal y como se aprecia en la ruta interactiva, la amenaza se concreta en el kilómetro 30, exactamente donde los libros dicen que suele hacerlo.

Haz click en la imagen para la ruta interactiva

Miro mi ritmo y, en poco más de un kilómetro, y sin que pueda hacer gran cosa para evitarlo, baja de 4′ 26” a más de 5’/km. De aquí en adelante – esto ya lo he vivido yo antes – sólo queda sufrir como un perro, durante una hora con sus sesenta minutos, cada uno de los cuales se estira como un chicle. A tramos consigo bajar de los 4’50”, en otros el ritmo sube por encima de los 5’15”. Por primera vez en mi vida en una carrera en ruta, tengo que parar, tomar aire y seguir. Mirando el track y teniendo en cuenta dos paradas (más o menos voluntarias) y otra más (obligatoria, vejiga llena obliga). La media de los últimos 12 kms se mantiene en torno a los 5’/km. Vivirlo es mucho peor que contarlo, y poco a poco veo como mi objetivo de bajar de las 3h 13” vuelve a escaparse. Para el kilómetro 34 ya era bastante obvio, así que supongo que eso añadió algún grado más al contador de fatiga.

Pero hasta el peor de los tormentos tiene su fin, y atravesar el túnel de entrada al estadio proporciona sensaciones impagables. Esa última vuelta resulta de gloria y tortura a partes iguales. Nada más cruzar la línea de meta, una amable voluntaria me echa una toalla por encima (dan ganicas de darle un abrazo y llorar teatralmente en su hombro) y sólo entonces uno empieza a darse cuenta de lo que acabada de hacer. Una vez más.

En el interior casi inmediatamente localizo a Joe, quien, por cierto, me había pasado como una flecha en el kilómetro 25. También el había “muerto las mil muertes” (en sus propias palabras), pero había conseguido entrar en 3h 14′ 45”, casi cinco minutos por delante de mis 3h 19′ 33”. En este punto, de todas formas, el tiempo ya casi ha dejado de tener importancia. Mi cabeza sigue corriendo por las calles de Sevilla.

comentarios
  1. Javi dice:

    César, hay que vivirlo, sufrirlo, sentirlo… estar ahí es ya una proeza al alcance de pocos. Correr esos últimos 12 kms, con todo lo que ello conlleva, es lo que diferencia a un maratoniano del que no lo es.

    Congratulations!

  2. Santi dice:

    Enhorabuena! Mucha gente se hubiea retirado sin más. Cuando yo lo corrí viví una situación parecida. 12 km finales sufriendo más que en toda mi vida por los calambres. La entrada al estadio fue idéntica a como tu cuentas, mezcla de sensaciones. Y cuando la voluntaria me echó la toalla y entré en el túnel, me puse a llorar sin poder parar. Nunca me había pasado y no me ha vuelto a pasar.

    Lo dicho, enhorabuena y seguro que en la próxima fulminas ese tiempo.

    Un saludo.

  3. Cesar, a veces te propones con tantas ganas bajar una marca que se te puede olvidar la proeza de terminar y en el pedazo de tiempo que has hecho, enhorabuena!!!! Y no veas el Joe no?

    • En realidad, la marca no era tan importante. Lo que te deja un sabor de boca extraño es ir de más a menos. La próxima vez empiezo lento, y a ver si puedo terminar rápido, aunque al final haga el mismo crono.

      Lo de Supersonic Joe no tiene nombre 🙂

  4. Emilio dice:

    Amigo César.
    Si tu marca era importante para tí, esto te tiene que darte aliciente y fuerzas para volver a intentarlo una vez más, y correr esta vez, con cabeza sobre todo.
    Así que a machacarse. No hay otra solución. Un abrazo

    • Bueno, esto es siempre una cosa de equilibrio. Si mejorar la marca supone correr con más cabeza o mejor estrategia, bien. Si supone dedicar más horas a correr de las que dedico ahora (entre 50 y 80kms semanales, según la época), pues va a ser que no. A tomar por saco la marca 😀

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