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Carrera de montaña, 29 kms; Dificultad física: Alta; Difultad técnica: media-baja; Zapatillas Mizuno Wave Ascend 8

Clasificación y fotos de la organización, Fotos de Granada x el running

Llevo meses sin escribir una entrada nueva. No hay de qué preocuparse. La vida me mantiene entretenido con menesteres más urgentes, pero corro igual o más que siempre, aunque, eso sí, compito algo menos. En todo este tiempo casi he dejado las carreras cortas, pero han pasado los maratones de Valencia 2013, Sevilla 2014 y Madrid 2014, con suerte desigual.

Esta entrada se debe a que en esta carrera han pintado bastos de verdad. La tormenta perfecta: algo de malestar estomacal previo, 35ºC en la salida, exceso de confianza, no haber estudiado convenientemente el perfil y, sobre todo, el mayor peligro de todos los corredores: la deshidratación (seguramente como consecuencia de todo lo anterior).

La ruta comienza en el pueblo de Colomera a las 6 de la tarde, y lo hace fuerte. Tras algo más de un kilómetro callejeando cuesta arriba por el pueblo, abandonamos éste y tomamos un camino que lleva con pendiente constante y ascendente hasta aproximadamente el kilómetro 5, donde está el primer avituallamiento. Para este punto ya me ha quedado bastante claro que no lo voy a pasar bien; he salido demasiado fuerte y empiezo a tener dolores de estómago. El tramo que queda hasta coronar la primera cota de la carrera, cerca del kilómetro 6 es además un sendero con algún punto complicado y que se empina aún más.

Una vez arriba, el tramo siguiente es quizá la parte menos agradecida de la carrera. Durante unos cuantos kilómetros, el terreno es casi todo cuesta abajo, sobre todo por pistas agrículas y olivares, pero bajo incómodo, acalorado, empiezo a tener calambres en el estómago, y el líquido de los avituallamientos no me calma la sed. Malo.

Pero lo peor está por llegar. Después de bajar de Tózar y llanear durante casi dos kilómetros, bajamos al cauce del río que separa este pueblo del término de Moclín. Esta es sin duda la parte más bonita de la ruta: se desciende por un sendero empinado hasta el río, que se cruza por un espectacular puente colgante y una pasarela. Aquí se nota el fresco del agua y me da la impresión de revivir un poco. Lo siguiente, sin embargo, es salir del valle por un empinadísimo sendero lleno de piedras y escalones donde las fuerzas me abandonan totalmente. Ando todo el tiempo, me detengo a ratos para recuperar el resuello, pero las molestias van a más. Pocas veces me he sentido tan débil.

Llegamos a Moclín y se termina esta pequeña tortura, y a partir de ahí comienza una larguísima cuesta abajo, desde el kilómetro 16 hasta poco antes del 20; una pista ancha y polvorienta en la que hay que tener cuidado para no salir patinando, y que te deja en el pueblo de Olivares. Aquí prácticamente se acaba la parte de montaña. Hay que atravesar las empinadas calles del pueblo hasta abandonarlo por la parte alta del pueblo. Todo ese tramo lo hago andando, y a partir de ahí alterno caminar con trotar, prinero por un camino agrícola y después por asfalto, casi todo cuesta arriba. Cae la noche a unos 6 kms de la meta, y enciendo el frontal. Pasadas tres horas desde la salida, a ratos me siento medio flotar en la carretera, rodeado por la pequeña burbuja de luz de mi linterna.

Mapa y altimetría

huella del buhoPincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. A pesar de mis penas, bastante bien la organización. Cosas a mejorar: las señales de orientación dentro de los pueblos eran bastante precarias (un folio con una fecha). Para los que íbamos por la mitad, algunas se habían caído o habían sido arrancadas, por lo que se dudaba bastante en algunas bifurcaciones. Respecto de la hora de la salida, ¿no sería más lógico retrasarla al menos una horita? La queja del calor fue muy generalizada.

Carrera de fondo en ruta; 10.000m; Dificultad física: media; Zapatillas Mizuno Wave Rider

Clasificación, Fotos de la organización (sólo inscritos), Fotos (I), Vídeo (I), Vídeo (II)

Corren malos tiempos para que un banco organice una carrera solidaria. Admítanlo, cualquier intento de autopropaganda se acaba convirtiendo en contrapropaganda. Que los ciudadanos de a pie nos creamos eso del banco cercano y comprometido es complicado, así que como lavado de cara la cosa les ha funcionado regular.

Dicho esto, vayamos a los datos. De las 11.966 inscripciones, aproximadamente la mitad eran de la carrera 10k (10€) y la otra mitad para el 5k (5€). Si, como parece ser, el 90% de lo recaudado iba a proyectos educativos de ACNUR, la cuenta de la vieja dice que se recogieron algo más 80.000€. Llamadme cerdo capitalista, pero, copón, 80.000€ de una tacada es algo a lo que ninguna oenegé va a hacer ascos. Maquiavélico, pero cierto.

Política aparte, la carrera rozó la épica por otras razones. En la vida había corrido yo bajo tamaña manta de agua. Cuando me metí al metro de la Elipa, amenazaba; saliendo de la estación de Nuevos Ministerios chispeaba; ya en manga corta, calentando, llovía con ganas; pero es que para cuando sonó el pistoletazo de salida, jarreaba la de Dios es Cristo. Y aún así, salir chapoteando como alma que lleva el diablo Castellana abajo entre otras 10.000 almas con look recién duchado hasta tiene su encanto. Ahí están los vídeos para demostrarlo. Los cientos de personas que bajan, cruzándose con los cientos de personas que suben, forman un cuadro digno de aparecer en cualquer vídeo motivacional de esos que nos gustan a nosotros los corredores.

El recorrido es simple, pero el entorno lo hace diferente. No todos los días se corta la Castellana para que uno corra. La salida se encontraba unos doscientos metros calle arriba desde Nuevos Ninisterios. Se sale cuesta abajo, por la derecha según se avanza,  y se baja durante 3km. Se gira unos 50m antes de llegar a Cibeles y se sube por el lado contrario de la calle durante 5 eternos kilómetros, hasta llegar a plaza de Castilla. Y vuelta a bajar, ya a tumba abierta, camino de la meta. Eso es todo. Lo más rápido posible.

Y en esta ocasión fue bastante rápido. Tanto que, a pesar del perfil y de la lluvia, me he quedado a sólo 6′ de mi mejor marca en 10k, y he conseguido mi mejor clasificación relativa en una carrera de fondo (73 de 3680 que finalizaron). Lo malo fue luego volver en el metro hecho una sopa...

Carrera de fondo nocturna; 8.500m; Terreno urbano mixto; Dificultad: baja.

El éxito de la carrera nocturrna de Atarfe es un mistario. Me explico. Es la carrera más “antifondística” que conozco. Primero, se sale de una plaza de toros, con lo que el tapón a la salida es monumental (en los dos sentidos). Segundo, la distancia es de lo más inusual. Tercero, tiene desnivel, todo concentrado en la primera mitad de la carrera. Cuarto, se atraviesan todo sitio de lugares inverosímiles: polideportivos, parques con caminos de tierra, calles oscuras y embarradas… Y quinto, contiene curvas y requiebros – algunos de 180º – como para marearse.

Y aún así la carrera es un éxito de participación, de público, de ambiente y, sobre todo, de buen rollo. Lo cual demuestra dos cosas importantes sobre este deporte nuestro: que la mayor parte de las quejas de los corredores en la mayoría de las carreras son pamplinas, y que el atletismo popular lo hacemos, como su propio nombre indica, las personas, y que si nuestro objetivo es pasarlo bien corriendo, pues lo pasaremos bien corriendo.

Y eso que no me tocó ninguno de los 30 jamones sorteados. Si llega a tocarme, esta crónica ya habría sido una elegía.

Aquí lleváis el perfil y los detalles técnicos.

Media maratón internacional homologada. 21km 93m. Zapatillas Mizuno Wave Ride. Dificultad: media.

Ésta es una media que aún no había corrido, así que se impone entrada nueva en el blog.

Las cosas que se dicen de esta carrera por ahí son casi todas ciertas. Se corre al nivel del mar, lo que siempre es una ventaja, pero no es totalmente llana. Después de una salida multitudinaria (en la que se tarda al menos dos minutos en salir de la melé de corredores), en los primeros casi 4 kms se salvan unos 50m de desnivel, hacia la zona norte de la ciudad, rodeándola por el Este. Esta parte, además, es poco atractiva, por lo que puede atragantársele a más de uno.

Una vez alcanzada la altura máxima (77 m., en el km 3.69), sigue una bajada que se alarga hasta más allá del km. 7, camino del puerto. Después, siguiendo la línea de la costa, nos dirigimos hacia el anejo de Playa Granada. Salvando alguna pequeña irregularidad de unos pocos metros, el camino de ida, el callejeo por Playa Granada, y el camino de vuelta hacia el puerto son totalmente llanos. En gran parte de este recorrido, los que van se cruzan con los que ya regresan, lo que suele ser un pequeño acicate para aquéllos, y seguramente un obstáculo psicológico a superar para éstos.

Por último, una vez que se abandona el puerto, de nuevo por la vega hacia el casco urbano de la ciudad, la cosa se endurece, sobre todo en el último tramo, en el que hay dos largos kilómetros de cuesta arriba bastante pronunciada, en los que, si no se va con un poquito de reserva, la marca puede afearse bastante.

Los últimos 200 m. y la entrada en meta tienen su puntito de emoción. En la última parte la calle se estrecha bastante, y se concentra mucho público. Además, son cuesta abajo, por lo que lo más fácil es animarse y hacer un último sprint y ganarle algunos segundos al crono. Pena que no comenzase yo ese sprint unos metros antes, porque, al final, con mi marca de 1h., 27′ y 45”, me he quedado sólo a 2” de mi mejor marca, conseguida en la Media de Granada de 2010.

También se dice de esta media que el calor puede ser un gran enemigo, y que la humedad puede complicara todavía más. Lo cierto es que hoy nos ha hecho un día ideal para correr, con algunos jirones de nubes, que no dejaban que el sol pegara de justicia, y con 23º C de máxima. Lo dicho, unas condiciones inmejorables.

Por lo demás, es una carrera bien organizada, con un guardarropa decente, zona del corredor, con una camiseta de las que sí se pueden utilizar para correr y, sobre todo, con gran participación (y de buen nivel). No hay nada más que ver los mejores tiempos en las clasificaciones. El recorrido no es demasiado atractivo, salvando el encanto de correr junto al mar, pero aún así en las zonas urbanas se concentraba una cantidad respetable de público. Las zonas entre cascos urbanos se hacían más solitarias y también más duras, principalmente a la vuelta. Con todo, es una media que merece la pena correr y que, en general, no decepciona.

Sólo me queda agradecer a mi amigo Antonio Martos que me haya transportado hasta Motril, y que me haya dejado en la puerta de casa sano y salvo y, sobre todo, que me haya acompañado en esos entrenos a horas intempestivas de la mañana gracias a los cuales estoy recuperando el estado de forma que un día tuve. Desde aquí, un abrazo.

Pincha en la imagen para ver la ruta interactiva

Carrera por montaña; Terreno: Vereda, campo a través, cortafuegos y pista forestal; 17km; zapatillas Asics Gel Trabuco 13; Dificultad física: muy alta; dificultad técnica: media.

Clasificación y fotos en la página web de global-tempo.

Después de mucho tiempo sin actualizar el blog, me animo a vencer la pereza para dar cuenta de la primera carrera por montaña de Cenes de la Vega.

Pocos imaginarían que tan cerca de las mismas puertas de Granada capital pudiera sacarse un trail tan duro. A priori, me extrañaba la denominación de CxM, pero, visto lo visto, está más que bien puesta, ya que por dureza no tiene nada que envidiar a otras carreras del mismo tipo ya consolidadas.

Viendo el perfil, y esos más de 1000m de desnivel positivo en una distancia aparentemente corta (17km), y haciendo un cálculo bastante sencillo, podíamos haberlo imaginado. Sin embargo, una cosa es imaginar una carrera y otra es correrla. En nuestro caso, además, la experiencia corría en nuestra contra. Estábamos más que familiarizados con la zona, pero para elegir el recorrido la organización había evitado las pistas forestales – más obvias, más anchas, y de pendiente más constante – para decantarse por veredas y trozos de cortafuegos, cercanas a las mismas, pero de terreno mucho más quebrado y rompepiernas.

El punto de partida se encontraba en el casco urbano de Cenes. Desde ahí, un llaneo de algo menos de 3km por la ribera del Genil nos plantaba a los pies de uno de los cortafuegos que salvan el barranco del Balcón del Genil (la Raja Tomás) y te dejan en el Camino de los Neveros. El recorrido, sin embargo, abandonaba a las primeras de cambio el Camino de los Neveros por la derecha, para ir cresteando paralelamente al mismo. Ese cresteo constaba de 4 empinadísimas cuestas – de más del 30% de desnivel en algún tramo – y de muy breves descansos entre ellas. En total, algo más de 5kms de durísimo ascenso casi constante, en el que sólo era posible correr a cortos intervalos, que nos dejaban el cumbre del Cerro de los Majojos, un popular punto de despegue para parapentistas.

Una vez descendidos por la cara opuesta del cerro, nos enganchamos al camino de los Neveros, que descendemos entre el km 8 y el 10 de la prueba. A continuación abandonamos el camino por un cortafuegos técnicamente sencillo, pero de pendiente endiablada, donde se pueden alcanzar velocidades importantes. Por desgracia, ese largo y pronunciado descenso castiga las piernas tanto o más como los ascensos, y todavía queda por subir un largo tramo por la pista forestal que une la carretera de la Sierra y el Camino de los Neveros, antes de enfilar de nuevo el camino y el último cortafuegos que nos deja a las puertas de Cenes y a un kilómetro escaso de la meta.

En resumen, la dureza de la ruta no reside sólo en el desnivel, sino también en la brusquedad de las subidas y de las bajadas. Las subidas son inmensamente duras, pero igualmente las bajadas son largas, de fuerte pendiente y castigan las piernas extraordinariamente. Yo, dos días después, aún tengo unas agujetas que apenas me han dejado hoy rodar un poco para soltar las piernas.

No sí la publicidad, que rezaba que ésta es la carrera más dura de Sierra Nevada, puede tomarse por cierta, sobre todo teniendo en cuenta que la Media Maratón de Montaña que se celebra en breve durante el Mountain Weekend Festival (organizado por el Club Alpino Benalmádena) tiene una distancia y un desnivel medio mayor que ésta; pero, igualmente, no es una carrera para incautos.

En el apartado de la organización, todo fue razonablemente bien para ser una primera edición. Ya sorprende que en estos tiempos nazcan carreras nuevas. También, aunque a mi la cuestión de los regalos me la trae bastante al pairo, es de agradecer una bolsa del corredor bastante decente: una camiseta de las que se pueden usar de verdad para correr (y no como pijama o para trapos), y una gorra de running también utilizable. Del lado de las cosas a mejorar: un guardarropa más seguro y una recogida de dorsales un poco más ágil y, sobre todo, en la que se compruebe la identidad y la ficha federativa para evitar posibles sustos.

Ruta interactiva

Un buen compañero corredor de montaña, Néstor, me envía esta información para que le dé difusión. Se trata de una CxM nocturna, con una distancia de casi 14 kms y un desnivel acumulado nada despreciable de 1035m.

Es la primera CxM nocturna de la que tengo noticia, y desde luego la única en nuestro entorno más cercano. A buen seguro que mis compañeros de mis dos clubes, Granada Ultra Trail y Granabike-HIMAT, y yo mismo, responderemos con una buena participación. La idea y el esfuerzo lo merecen.

Más información e inscripción en: http://www.nocturnapradonegro.co.cc/

Perfil de la prueba

Maratón homologado: 42km 190m; Perfil prácticamente plano; Zapatillas Nike LunarElite

Track y ruta interactiva, Clasificación, Vídeos de Meta

Segundo intento frustrado de mejorar mis 3h 13′ de mejor marca, y segunda vez que viene el tío del mazo a dejarme KO tras 30 kms. corridos con más valentía que cabeza. Eso resume casi todo lo que hay que contar, en lo que a mi actuación se refiere, aunque todo lo demás bien merece unos comentarios, en su mayoría elogiosos.

Empezamos el sábado por la tarde: la recogida de dorsales se cierra a las 8pm, así que el bueno de Joe y yo vamos con tiempo y, desconociendo las distancias y el trasporte público, decidimos dar un paseo. Por el camino descubrimos quizá el único ‘pero’ de esta carrera. El Estado Olímpico, donde se sitúa la línea de salida y la feria del corredor, está a media hora larga del centro de Sevilla. Además, para una ciudad con tanto encanto como ésta, el paseo y el lugar de destino claramente la desmerecen. Los alrededores del estadio parecen haber envejecido antes incluso de haber sido totalmente terminados, y el estadio mismo produce una cierta sensación de descuido.

La entrega de dorsales, sin embargo, está perfectamente organizada. Hay más que suficiente personal y, por tanto, las colas son inexistentes. Y la bolsa del corredor está magníficamente dotada: camiseta técnica, shorts de running y calcetines, todo de marca Joma, probablemente de más valor en tienda de lo que costaba la inscripción anticipada.

A las 6.45 de la mañana siguiente suena el despertador, y nos levantamos con tiempo suficiente para el desayuno que marcan los cánones. Los nervios y la expectación se mezclan a partes iguales. Para Joe es la segunda maratón, para mi ya es la cuarta. He entrenado meticulosamente durante varios meses, pero un desafortunado encadenamiento de gripes y problemas digestivos cortó todo intento de preparación razonable hace casi un mes. Sinceramente, no sé que esperar de mi cuerpo (incertidumbre que luego se demostraría justificada).

Enfrentados a la necesidad de trasladarnos de nuevo hasta la quinta puñeta, esta vez tomamos un taxi. Llegamos. Es temprano, pero los alrededores del estadio ya bullen de actividad. Cientos de operarios de aquí para allí, seguridad, voluntarios y corredores, muchos corredores, se mueven como hormigas a nuestro alrededor.

Entramos en las entrañas del Estadio, y en ese momento es cuando uno empieza a entender por qué esta maratón, dicen, es la mejor organizada de la Península. Llama la atención la rapidez de funcionamiento del guardarropa, y el gran número de baños químicos, casi sin colas. Personalmente, me sorprenden dos cosas. La primera es que haya una zona climatizada para cambiarse, con suficientes sillas para todos y con grandes estufas. La segunda: una amplia zona de calentamiento (en realidad una pista de tartán cubierta) para ir entrando en materia sin sufrir las bajas temperaturas que, incluso en Sevilla, nos está deparando este invierno.

Se está bien dentro, pero me vence la curiosidad y salgo al anillo del estadio. Incluso con las gradas vacías, impresiona. Empiezas a imaginarte lo que será cruzar ese mismo túnel en la llegada a meta. Una de las marcas de la casa, que con más frecuencia aparece mencionada en las crónicas de decenas de corredores blogueros como yo. Empiezo a dar mis primeras vueltas de calentamiento. Las sensaciones son buenas. El ambiente se caldea y, antes de darme cuenta, ya estoy hombro con hombro con otros cinco mil corredores esperando el disparo…

Y por fin, la salida. Un poco lenta, por la necesidad de tener que apretarnos para atravesar las puertas del Estadio, pero, ya fuera, en seguida se abren largas avenidas que permiten coger velocidad de crucero en poco más de un minuto. A un lado y a otro, amplias extensiones sin construir, edificios de nueva arquitectura desperdigados. Impresiona cruzar el puente sobre el Guadalquivir para encarar el tramo de la carrera pero, pasado este punto, todo empieza a ser bastante monótono. El recorrido es llano, amplio, las avenidas se hacen kilométricas, interminables, y el paisaje no tiene gran cosa que destacar. Los kilómetros se suceden rápidamente uno detrás de otro en la primera mitad, pero poco a poco, las piernas empiezan a acusar el castigo físico y psicológico. Cruzo la media maratón con buenas sensaciones en 1h 34′ 33”. Sin embargo, para cuando empiezan a aparecer algunos puntos reconocibles (el Sánchez Pizjuán, el parque de Maria Luisa, la zona de Plaza de España…), mi cuerpo comienza a lanzar claras señales de alarma. Tal y como se aprecia en la ruta interactiva, la amenaza se concreta en el kilómetro 30, exactamente donde los libros dicen que suele hacerlo.

Haz click en la imagen para la ruta interactiva

Miro mi ritmo y, en poco más de un kilómetro, y sin que pueda hacer gran cosa para evitarlo, baja de 4′ 26” a más de 5’/km. De aquí en adelante – esto ya lo he vivido yo antes – sólo queda sufrir como un perro, durante una hora con sus sesenta minutos, cada uno de los cuales se estira como un chicle. A tramos consigo bajar de los 4’50”, en otros el ritmo sube por encima de los 5’15”. Por primera vez en mi vida en una carrera en ruta, tengo que parar, tomar aire y seguir. Mirando el track y teniendo en cuenta dos paradas (más o menos voluntarias) y otra más (obligatoria, vejiga llena obliga). La media de los últimos 12 kms se mantiene en torno a los 5’/km. Vivirlo es mucho peor que contarlo, y poco a poco veo como mi objetivo de bajar de las 3h 13” vuelve a escaparse. Para el kilómetro 34 ya era bastante obvio, así que supongo que eso añadió algún grado más al contador de fatiga.

Pero hasta el peor de los tormentos tiene su fin, y atravesar el túnel de entrada al estadio proporciona sensaciones impagables. Esa última vuelta resulta de gloria y tortura a partes iguales. Nada más cruzar la línea de meta, una amable voluntaria me echa una toalla por encima (dan ganicas de darle un abrazo y llorar teatralmente en su hombro) y sólo entonces uno empieza a darse cuenta de lo que acabada de hacer. Una vez más.

En el interior casi inmediatamente localizo a Joe, quien, por cierto, me había pasado como una flecha en el kilómetro 25. También el había “muerto las mil muertes” (en sus propias palabras), pero había conseguido entrar en 3h 14′ 45”, casi cinco minutos por delante de mis 3h 19′ 33”. En este punto, de todas formas, el tiempo ya casi ha dejado de tener importancia. Mi cabeza sigue corriendo por las calles de Sevilla.

Media Maratón homologada; 21km 95m; Zapatillas NewBalance 805

Fotos, vídeos y clasificación oficial de la prueba

Foto cortesía de Marga Colón y Pablo Castillo

A estas alturas poco me queda que decir de la Media de Granada. Este año, el cuarto para mi, se ha corrido en condiciones meteorológicas inmejorables. Con sol, el asfalto seco y temperatura fresca en la salida, pero con la atmósfera limpia de contaminación gracias a las últimas lluvias. El recorrido era el mismo de las anteriores ediciones, tal y como se puede comprobar en la ruta interactiva.

Pincha en la imagen para ver la ruta interactiva

Como digo, es mi cuarta participación en esta media. La novedad de este año para mi era la presencia de un buen número de nuevos compañeros. Nuevos, algunos, por su estreno en distancias largas y, otros, porque he tenido la suerte de conocerlos en esta última temporada. Vaya por delante mi saludo y mi enhorabuena a todos los nuevos miembros de Granada UltraTrail, a todos los Cualquiera Puede Hacerlo y a los Granabikers que han dado el salto de la bici a las zapatillas.

La segunda novedad era el haber entrenado sin demasiadas pretensiones y sin ningún sistema medianamente razonable. No quiero decir con ello que no haya entrenado. Probablemente no me haya metido tantos kilómetros en una sola temporada desde hace por lo menos tres. Pero las series han brillado por su ausencia, y la distribución de kilómetros ha sido muy irregular: semanas de salidas muy largas por montaña y otras de rodajes tranquilos por ciudad, insensatamente distribuidas a lo largo del año. En resumen, he corrido para disfrutar y cuando buenamente podía…

Mi decisión de partida era salir rápido y ver hasta dónde llegaba el cuerpo. Los primeros kilómetros, por el Zaidín, iba marcando entre 4′ 05” y 4′ 07”/km. Cuando enfilamos hacia la Chana por la c/Arabial sigo marcando en torno a 4′ 10”, sabiendo que hacia el kilómetro 10 la carretera se empina y hay que rebajar drásticamente el ritmo. Mi previsión es que los repechos entre los kilómetros 10 y 12 me desgastaran bastante. Para mi sorpresa, por el contrario, tras este tramo me sigo encontrando bastante fresco, así que decido arriesgar y echar el resto, aún muy lejos de la meta.

Mi última referencia de las consecuencias de tan insensata decisión era la Media de Fuencarral, donde un pajarazo de dimensiones descomunales a 8 kilómetros de meta me dejo machacado y desmoralizado. Pero las decisiones arriesgadas unas veces salen bien y otras mal, y esta vez tocaba la de cal.

La presencia de público en las calles del centro de Granada hacen el esfuerzo un poco más llevadero. Me engancho a la estela de un trotanoches, familiar de otras carreras en la zona gris de la clasificación y, cuando quiero darme cuenta, ya hemos llegado a la orilla del Río Genil. Los últimos tres kilómetros son duros, porque hay que remontar el Camino Bajo de Huétor en toda su inacabable longitud de nuevo hasta el extremo sur del Zaidín. No voy a decir que esos últimos kilómetros vaya fresco pero, en estos lances finales, la cabeza cuenta más que las piernas y estoy sorprendido de lo bien que ha ido la carrera hasta aquí. Así que tengo motivación suficiente para un apretón final que me deja a las puertas del estadio a poco más de 3’50” el último kilómetro.

Al final, 1h 27′ 57” oficiales, muy cerca de la 1h 27′ 43” que marqué el año pasado y que sigue siendo mi MMP. Mucho, mucho mejor de lo que cabía esperar.

No quisiera terminar esta crónica sin una última reflexión personal. He leido un buen número de comentarios quejándose de la bolsa del corredor de este año (sobre todo de la calidad del tejido y la serigrafía de la camiseta). No quiero erigirme en juez de nadie, pero a veces parece que olvidamos de qué va esto. Olvidamos que, por 11 euros, estas carreras son deficitarias siempre, que implican movilizar a cientos de personas entre trabajadores, miembros de las fuerzas de seguridad, Protección Civil y voluntarios. Olvidamos que esto es una fiesta del deporte para todos y que, por un día, podemos correr juntos y celebrar nuestro deporte en una ciudad sin coches que se vuelca con nosotros. En estos tiempos que corren, olvidar eso, que es lo fundamental, y fijarse en si la camiseta es más bonita o más fea, o de si en tal o cual ciudad obsequian tal y cual cosa, me parece tremendamente desagradecido. A los que pensaís así, os preguntaría, ¿qué os mueve a correr?

Carrera de fondo en ruta; 47km 380m; Dificultad física: Extrema; Zapatillas Nike LunarElite 2

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A las 7 estábamos bien preparados Laure, Emilio y yo en el extremo del paseo del Salón, junto con otros más de 400 corredores, dispuestos para realizar una de las pruebas de fondo más duras que pueden caber en la cabeza de un atleta.

La subida pedestre al Veleta tiene merecida su fama. Casi 50 kms, de los que, desde el 10 hasta el 50 transcurren por una continua subida que empieza a los 700 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra Granada capital, y termina en los 3400 a los que se encuentra la cumbre del Veleta.

A la salida, mi compeñero Emilio y yo hemos salido juntos, a un conservador, pero suficientemenete vivo ritmo. Juntos hemos llegado hasta el arranque de la cuesta arriba, a la salida del pueblo de Pinos Genil. Desde allí, nuestros respectivos ritmos nos han ido distanciando lenta pero inexorablemente.

Para este punto, ya se me había unido Gaby, que con su bicicleta de carretera me ha acompañado prácticamente hasta el final de la ruta, y al que le agradezco enormemente el haberme abastecido de isotónica y comida, pero sobre todo, el haberme hecho compañia, y la carrera mucho más llevadera. Todo el camino estaba de hecho plagado de compañeros de Granabike, marcando con su presencia (y con su vocerío) los puntos más señalados del recorrido, y, algunos de ellos, con sus BTTs, acompañándonos en algunas partes del recorrido.

Bien. Como decía, una larga subida al 7-8% de desnivel nos lleva de Pinos Genil al empalme con la carretera de Sierra Nevada. A partir de aquí la pendiente se relaja un poco, y los kilómetros se suceden lentamente, con un solo y breve descanso de unos pocos cientos de metros. Marco ritmo de crucero a poco más de 6’/km, y me dejo distraer por las cada vez más espectaculares vistas y por la conversación de mis compañeros.

Llegamos al centro de visitantes del Dornajo, en el km 25, una media hora por delante de mi horario previsto. Allí está el grupo que ha montado Nando. Paro un breve minuto para saludar y repostar, y, sobre todo, para prepararme mentalmente para lo que está por llegar, que es aún lo más duro…

Nos desviamos de la carretera principal de acceso a la Estación de Esquí, y enfilamos la antigua carretera de la Sierra, camino del Collado de las Sabinas: una interminable sucesión de curvas (puerto de categoría especial en la Vuelta a España de ciclismo) que machaca al más duro. Los tramos rectos se hacen llevaderos, pero cada curva cae como un hacha sobre las piernas. A media subida la vegetación desaparece y empieza a manifestarse el paisaje casi lunar tan característico de la alta montaña granadina.

Tras siete kilómetros llegamos a un tramo, de nuevo excesivamente corto, de llaneo y ligera bajada, y en breve volvemos a desviarnos, dejando a nuestra derecha Pradollano y ascendiendo a nuestra izquierda camino de la Hoya de la Mora. De nuevo la carretera se empina, y, aunque la temperatura es suave, el sol cae a plomo, y no se divisa ni un atisbo de sombra.

Desde aquí la ascensión ya es continua y constante. Cerca de la Hoya de la Mora las fuerzas empiezan a flaquear y empiezo a hacer cortos tramos andando. De hecho, la mayor parte de los corredores ya se han convertido en marchadores. Yo, por mi parte, empiezo a temerme que he sido demasiado arriesgado manteniendo un ritmo tan vivo hasta este punto.

Pero llego a la Hoya de la Mora, y allí me encuentro, por sorpresa a Marijose y a mi niña Candela. No hay mejor revulsivo para un momento de crisis y tardo casi dos kms en perder la sonrisa de la cara. Dos kms que, por cierto, he vuelto a hacer corriendo.

Los últimos 10 kilómetros, para quien conozca la subida al Veleta son poco menos que un infierno. Con casi 40 kms en las piernas (30 de subida), el Veleta se te muestra en todo su esplendor, tan enorme que parece que está al alcance de la mano. Pero la carretera parece estar hecha a propósito para desesperar al que intenta alcanzarlo. Una vuelta sucede a otra vuelta, y otra más y lo que son poco más de dos kms en línea recta se convierte en casi 10 de sufrimiento. A estas alturas la carretera escasamente es tal, descascarillada por las inclemencias. Aún así, Gaby y Newtunning siguen acompañándome. El primero con su flaca, teniendo todo el cuidado del mundo con los baches, el segundo con su burra, bastante más comodo.

Conforme avanza la subida empieza a hacer efecto lo que he ido comiendo por el camino, y me revitalizo un poco. Los tres últimos kilómetros decido dejar de andar y ponerme a correr. No casualmente, sino porque en un control me dicen que voy el 104, y veo al alcance de la mano llegar entre los 100 primeros de esta prueba mítica.

Esos tres últimos kilómetros resultan agónicos, pero la meta está tan cerca que la cabeza te lleva con más fuerza que las piernas. Sigo subiendo, a todo lo que dan mi corazón y mis pulmones (hay está el registro de la ruta interactiva para atestiguarlo). Y, por último, la meta. Una meta que sabe a gloria más que nunca. Finalmente, puesto 98 en 5h 40′ 44”.

Carrera de Fondo en ruta; 10k urbanos; Zapatillas Nike LunarElite+

Crónica, clasificaciones, fotos y vídeos facilitados por la organización

Acceso a la ruta interactiva (track y perfil dentro del enlace)

Pulsa aquí para la ruta interactiva

El veterano club de atletismo Akiles de Madrid organiza este 10k en el entorno del Paseo de la Florida y el Parque del Oeste desde hace ya 25 años. Se trata de una carrera de ambiente muy popular, que comenzó con un 2400 para las categorías inferiores, en el que se demostró a las claras que el club tiene cantera. Esos 2km y pico corridos en poco más de 6 minutos lo dicen todo.

La prueba grande convocó a 500 corredores y corredoras, lo que resulta muy meritorio en un día en el que en Madrid, entre carreras de fondo y montaña, se celebraban un total de 8 pruebas (!), entre ellas algunas de las más míticas del calendario nacional, como los 100km/24h o el Cross del Telégrafo.

En mi caso, la duda estaba entre Carabanchel y ésta. Puesto que ninguna de las dos las había corrido antes, no sé lo que me he perdido, pero sí tengo claro que no me arrepiento de mi elección. Ya conocía la zona, porque es punto de paso del MAPOMA, pero no podría decir que en las dos ediciones del Maratón de Madrid que he corrido hasta ahora, me haya fijado mucho, o haya tenido oportunidad de disfrutar de mi paso por el Parque del Oeste, por razones que (con 25km en las piernas) resultan obvias.

La carrera consistía en dos vueltas a un circuito en parte urbano (fundamentalmente, el largo de la Avda. de Valladolid, y en parte en el interior del Parque). No suelen gustarme los circuitos repetidos, porque la segunda vuelta suele hacerse bastante tediosa. En este caso, sin embargo, eso permite dos ventajas: la primera, que el porcentaje del recorrido total que discurre por dentro del parque sea mayor y, segundo, tratándose de una prueba con bastante cuesta (100 metros de desnivel positivo acumulado), dosificar mejor las fuerzas en el regreso de la segunda vuelta.

El punto de salida se encontraba en el Paseo de Ruperto Chapí, esquina con Camoens. Arrancaba con un largo (falso) llaneo, seguido de un fuerte descenso y otro largo tramo de llaneo. Al regreso a la zona de meta, en el Paseo de Camoens, se encontraba la parte más dura del circuito, donde en algún tramo el porcentaje era de en torno al 4%. En esta parte, lógicamente, se concentraba la mayor parte del público (familiares de los corredores en su mayoría). En el resto, también lógicamente, el público era más bien escaso, y se reducía a algunos transeúntes animosos.

El circuito, por tanto, no permite alegrías con las marcas, pero lo cierto es que el tiempo del ganador 30′ 26” es bastante buena. Yo, por mi parte, con 40′ 40”, y el puesto 49 de la general, quedo más que contento. De hecho, supone una pequeña inyección de moral después de que se me haya quedado la espinita clavada de las recientes carrera de las FAS de Granada y MAPOMA, donde mis tiempos estuvieron un poco por debajo de mis expectativas.

En general, me queda muy buen sabor de boca, por razones personales, pero también por la buena organización y el sabor de prueba de atletismo popular puro, sin pretensiones. A pesar de la lejanía, no descarto repetir en el futuro.