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Ruta de trail running nocturno; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: media; 17.04 kms; Zapatillas Asics Trabuco 13

Nuestro modesto club por fin empieza a crecer. Fuimos nueve corredores los que nos adentramos anoche por los recovecos de la Granada cercana y, a la vez, menos conocida, para completar una ruta que no dejó a nadie indiferente, casi una integral del Parque Periurbano.

Pincha en la imagen para acceder a la ruta interactiva (y descargar el track)

El punto de partida es la Ermita de San Miguel Alto, a la espalda del Albayzín. Desde el descampado trasero de la Ermita, tomamos una vereda que se introduce rápidamente entre pinos para dar salida, primero, al cortafuegos de la Abadía del Sacromonte y, después, tras los primeros dos kilómetros de ruta, a la misma Abadía.

Desde la Abadía descendemos por asfalto a la Dehesa del Sacromonote, desde donde enganchamos el camino de Beas. Poco después de que desaparezca el asfalto, un puente a mano derecha nos permite salvar el Darro y seguir por su orilla durante dos kilómetros más, oyendo el rumor del río entre las zarzas, ascendiendo suavemente su curso, y salvando los dos arroyos que dan al cauce principal. Al final de esta zona tranquila nos encontramos el antiguo cortijo de Jesús del Valle, hoy en ruinas, en el que hacemos una breve parada.

Seguimos nuestro camino a la derecha, por la pista principal, pero abandonamos ésta casi de inmediato para introducirnos en una empinada trialera que empieza a castigar nuestras piernas. Haciendo un breve rodeo nos acabamos encontrando la no menos dificultosa Vereda del Árbol Caído, que conduce al Cerro del Sol, en el Llano de la Perdiz, cerca de la cancela de la que arranca el camíno de Dúdar.

Nos quedamos deambulando un rato por el Llano, en parte porque, en la oscuridad, yo me desoriento y me cuesta encontrar la bajada hacia la vereda del Quejigal del Darro (la famosa vereda de las “cinco curvas”). Cuando finalmente la encontramos, hacemos un rápido descenso de las primeras tres curvas, pero abandonamos la vereda señalizada para quedarnos a media ladera y llanear durante un largo trecho, en el que el camino se pone dificultoso, con una pizca de peligro a veces, pero que merece los arañazos en las piernas por la vista de Granada iluminada que se va abriendo al fondo del valle ante nuestros ojos.

Poco antes de que la vereda acabe en el cortafuegos de la Dehesa del Generalife, descendemos por unas zetas escondidas hacia la vereda baja del Quejigal, esta sí, bien conocida por ciclistas y senderistas. Sin embargo, nos quedamos en esta vereda poco tiempo, porque un kilómetro escaso más adelante de nuevo tomamos una estrecha (y tupida) vereda que nos situa en la Acequia de la Alhambra; un rincón escondido, de enorme encanto, y muy poco conocido, que discurre por un lateral del Generalife. Para terminar la parte aventurera de la ruta, tomamos una última vereda entre la arboleda que nos conduce casi hasta la Fuente del Avellano, donde retomamos algo de nuestras fuerzas.

Ya estamos de vuelta en Granada, pero falta llegar de nuevo a la Ermita de San Miguel. Trepamos por las callejuelas del Albayzín, sin dejar de visitar el mirador de San Nicolas, la Plaza Larga y la Plaza del Aliatar, para llegar, por la placeta del Mentidero a la Cruz de Piedra y salir del barrio por las cuevas de San Miguel, donde algún troglodita se lleva la sorpresa de ver ante su cueva a una serpentina de corredores con sus frontales iluminados…

Cuevas junto a una vereda en el Valle del Oro

Cuevas junto a una vereda en el Valle del Oro

Ya iba siendo hora de calzarse las Salomon otra vez. Desde navidad no había hecho nada de trail, así que lo he pillado con ganas.

En primer lugar me he dirigido hacia la Fuente de la Bicha, camino que he aprovechado para hacer el calentamiento tranquilamente en llano. Inicialmente no tenía intención de macharcarme, pero me he visto con ganas y el tiempo acompañaba: a pesar de que el cielo ha estado encapotado toda la mañana, la temperatura suave permitía ir perfectamente con una segunda capa ligera y, finalmente, no ha llovido. 

Después de atravesar los toboganes que continúan el camino desde la Fuente de la Bicha, me he dirigido hacia Cenes, y he pasado por la Iglesia para enganchar la cuesta de la Cabra que sube hacia el Llano de la Perdiz. Esa era mi intención, pero a media subida he encontrado una veredita a mano derecha que no conocía (esta cuesta la había hecho siempre en BTT y en la bici se ve menos). El caso es que se trataba de una vereda preciosa, perfectamente ciclable (alternativa a la subida que hacemos normalmente). La vereda terminaba en la Urbanización que corona Cenes junto al Valle del Oro.

Desde allí he enganchado una nueva vereda que tampoco conocía. Sin embargo, como se ve en el track, esa vereda muere, más concretamente en una cueva, y llegar a la cueva estaba un poco peligroso porque la entrada estaba justo sobre un barranco. Con el piso mojado no me he atrevido a ir hasta la misma boca, pero lo dejo pendiente para cuando haya tiempo seco.

Así que he retrocedido de nuevo sobre mis pasos y desde la Urbanización he seguido hacia el carril de Dúdar justo a los pies del Llano. Desde aquí la ruta ha sido ya más estándar: primero la vereda del Quejigal del Darro, preciosa con tanta agua y tanto verde, luego un poco de campo a través entre las encinas y los quejigos para enganchar la vereda del árbol caído, hacia arriba, y, por último un rodeo al Llano por el Cerro del Sol y el circuito de BTT del Barranco del Abogado, para bajar de nuevo a Granada por la Alhambra y la Cuesta de los chinos.

Total, 22 kms en unas 2h 10′, todo por tierra excepto los tramos urbanos de Granada capital y Cenes, y una muy buena parte de vereda. Trail puro y las zapatillas y las mallas hasta arriba de barro.

Perfil

Perfil

 Track (GPX)

Ortofoto de la ruta

Ortofoto de la ruta

Estar solo en el bosque en mitad de la noche debe ser una de las pesadillas infantiles más recurrentes, así que muchos pensaréis que hacerlo a proposito no es de estar demasiado bien de la cabeza.

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Lo poco que se ve de mi en la oscuridad 🙂

Después de hacerme con unas zapatillas Salomon de trail running, una luz frontal de cuatro leds y una chaquetilla para protegerme del frío, ayer me dispuse a hacer mi primera salida a correr por la noche. A eso de las 9.15 me planté en la explanada del Cementerio de San José después de venir ya trotando por el barrio del Barranco. La temperatura era perfecta, el cielo estaba medio nublado, y la luna llena se dejaba entrever a ratos entre los jirones de nubes. Me coloqué y encendí mi frontal y tomé la pista de la Silla del Moro, alejándome por fin de las luces de Granada.

Ya en faena había acostumbrarse a las nuevas sensaciones. Lo primero, correr “pesado” con unas zapatillas que le sacan 200 g a mi habituales Mizuno WP8 y la mochila con la chaqueta, las llaves, el móvil y el agua. Lo segundo, la fantasmal luz blanca de los leds que te convierten en una pequeña isla de luz en medio de un mar de oscuridad (lo más parecido a estar flotando en la nada). Y lo tercero, la inquietud de adentrarte en la noche completamente solo.

Superado el desasosiego inicial, me desvié de la pista forestal del Llano para adentrarme en una vereda cerrada que sube entre los pinos hacia la cara del cerro que da al Sacromonte. La luz de mi frontal iluminaba los troncos y las ramas de los árboles y no podía distinguir más que el trozo de vereda hasta la siguiente curva o la siguiente cuesta. Al final de la vereda me esperaba el mirador de la Silla del Moro, con las luces de Granada a mis pies, y el arranque del cortafuegos, que corre por la cuerda del cerro

Granada iluminada desde el mirador de la Silla del Moro

Granada iluminada desde el mirador de la Silla del Moro

Todavía tenía noche y camino por delante. Ascendí el cortafuegos y el camino que lo continua por la cuerda del cerro (con el barranco que cae hacia el río Darro a mi izquierda) hacia el yacimiento arqueológico y las inmediaciones del Aljibe del Agua, para llegar hasta un segundo cortafuegos que lleva a la cima del cerro. A medio cortafuegos me desvié de nuevo por una vereda llena de piedras y zanjas paralela al cortafuegos y que desemboca en el Llano a la altura del Reloj de Sol. Correr entre piedras, baches y ramas implica una dificultad extra en la oscuridad. La luz alcanza la distancia justa para detectar el obstáculo y sortearlo, por lo que hay que estar muy atento.

En el Llano, finalmente, con la luz de la luna llena, sin obstáculos por delante y un buen firme, me permití el lujo de apagar mi frontal durante un rato. Finalmente, en el otro extremo, cruzando las pistas deportivas ,enganché el camino de la Acequia Real durante un par de kilómetros o tres, y tras cruzar la pista principal, regresé a la explanada del Cementerio por el Camino Primitivo.

En total, unos 17 kms, unos 8 por campo, alejado de las luces, el ruido y el tráfico, rodeado de árboles, oscuridad, y los ruidos de animalillos que se esconden y tus propias pisadas. Una experiencia casi mística, a pesar de que más de uno pensará que se me ha ido la pinza. Estoy deseando repetir.

Circuito de trail por el Llano de la Perdiz

Circuito de trail por el Llano de la Perdiz