Posts etiquetados ‘Pradollano’

Ruta de trail running nocturno de alta montaña; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: Media; Zapatillas Inov-8 TrailRoc 245 (minimalistas-transición)

Hoy estoy que me salgo. Dos entradas el mismo día después de más de un año sin escribir. Pero la ocasión lo merece.

Ejercía hoy de Cicerone Aarón Hicks, uno de los miembros supervivientes del grupo fundador de Granada Ultra Trail, haciendo honor a su historial. Le seguíamos Sergio Nogueras, Antonio Marín y yo.

La ruta comienza en la Cortijuela al caer la noche, en pleno corazón de la media montaña de Sierra Nevada, a los pies del Trevenque. Desde ahí salimos cuesta arriba en dirección hacia el Collado Chaquetas por la pista forestal. Al llegar al collado, encendemos nuestras linternas y abandonamos la pista hacia la izquierda, por un empinado y pedregoso sendero. Ascendemos penosamente y nos vamos adentrando en la zona de alta montaña, por encima de los 2000m, hasta llegar a la cresta de la Loma de Dílar. De vez en cuando nos cruzamos con algún grupo de vacas que se pasan el verano pastando por aquí. No sé quien se asusta más, si ellas o nosotras. Echamos la vista atrás y la luna nos deja entrever la cadena de cotas medias de los Alayos, y las luces de Granada brillan al fondo. Espectacular.

El camino por la cresta asciende de forma suave hasta llegar el Peñón de Dílar, a más de 2400m de altitud. Coronamos y durante un par de kilómetros podemos correr rápido, esquivando las lascas de pizarra y empezando a sufrir las dificultades que implican estas alturas. Al poco, el camino se empieza a empinar de nuevo, y allternamos caminar y correr hasta llegar al borde mismo de la estación de esquí.

Nos colamos dentro de las pistas de esquí (ahora sin nieve, lógicamente) y bajamos todo lo rápido que nos dejan las piedras y los matorrales. Al poco se abre una vereda que acaba convirtiéndose en un camino ancho y que, ahora sí, nos permite bajar rápido hasta Pradollano, donde los ojos brillantes de un zorro extrañado nos dan la bienvenida.

Desde Pradollano salimos por la Fuente del Mirlo y enfilamos el camino del Collado de Matas Verdes. Este camino es un continuo sube y baja; una vez tras otra vamos cruzando barranquillos por los que bajan arroyos, que luego hay que remontar. El verano ha resecado mucho el terreno, que tiene muchas piedras sueltas y tierra. En algunas zonas ha habido desprendimientos y, a pesar de que hay más bajada que subida, el avance se hace sufrido. Tanto Aarón como yo probamos el suelo, él incluso en una de las caídas se da un fuerte golpe en la espalda que lo deja un poco renqueante.

Tras innumerables subidas y bajadas por fin enfilamos la larga subida que nos deja en el mismo Collado de Matas Verdes (que da nombre al camino). De nuevo el Trevenque y las luces de Granada se abren ante nuestros ojos, y sólo queda descolgarse un par de kilómetros más hasta llegar, cerca de las 12.30 de la noche, cansados y magullados, al punto de inicio de la ruta.

Mapa y altimetría de la ruta

Collado de Matas Verdes

Pincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. Mención aparte se merecen las zapatillas. Acabo de adquirir unas Innov-8 TrailRoc 245, unas zapatillas con sólo 3mm de drop, lo que las convierte en unas minimalistas o incluso en unas buenas zapatillas de transición al barefoot. Acostumbrado a correr con zapatillas con poco drop en asfalto, no me ha costado demasiado adaptarme a ellas. El agarre es muy bueno, y a pesar del poco drop, la suela aguanta bastante bien los terrenos técnicos. En general van muy vien subiendo, pero no tanto en el llaneo y las bajadas.

El upper no tiene tensores ni protecciones, lo que las hace muy cómodas y ligeras. El único inconveniente es que la ausencia de protecciones laterales y superiores deja el pie desprotegido. En una zona con tantos arbusto y pinchos como ésta, no es un incoveniente menor.

Ruta de trail running por media y alta montaña; 26.4 kms; Dificultad técnica: media; Dificultad física: muy alta; Zapatillas Asics Trabuco 13

Hoy resulta difícil ponerse a escribir. Es difícil decidir por dónde empezar. Es difícil encontrar las palabras. Y, en cualquier caso, lo que escriba no va a ser fiel a las sensaciones recogidas. Las fotos, con seguridad, tampoco harán justicia.

Vanesa y Emilio

A las 8 y 30 nos esperaba Emilio en el Centro de Interpretación del Jardín Botánico de la Cortijuela, donde llegamos puntales los que subíamos en coche desde Granada. El breve recuento da una representación estupenda de los clubes implicados. Por parte de Granabike-HIMAT, Nando, Antonio Luis y Xurxo; por parte de “Cualquiera puede hacerlo”, Fran, Antonio y Er Leon; y por parte de Granada UltraTrail, Emilio, Vanesa, Pablo, Aarón, y el que escribe. Poco a poco, somos más los que nos vamos animando a practicar este duro pero agradecido (a veces) deporte que es el trail running de montaña.

Salimos subiendo la fuerte pendiente de la vereda que, desde la Cortijuela, forma parte del Sulayr (sendero que toma su nombre del título que los árabes dieron al Veleta, la Montaña del Sol, y que hoy circunda todo el macizo de Sierra Nevada). Ascendemos poco a poco, con las piernas aún torpes y la respiración entrecortada del frío y el esfuerzo. Al poco la pendiente se relaja y alcanzamos un prado, desde el que se divisa la corona del Trevenque a nuestra espalda y el Valle del Monachil a nuestra izquierda.

Seguimos avanzando hasta coronar el Collado de Matas Verdes. El Trevenque sigue reinando a nuestras espaldas, pero frente a nosotros ya se abre la imponente cadena de los tresmiles, hoy ocultada por las nubes, aún lejanas, y por el relente. Primer aviso: por encima de los 2500 m., a lo lejos se divisa perfectamente una fina capa de nive en las laderas del Veleta y los Machos. La temperatura sigue siendo baja y no parece que el tiempo vaya a mejorar.

Un kilómetro de fuerte bajada después del collado, doblamos a la izquierda, siguiendo el recorrido del Sulayr. El sendero en zig-zag nos conduce a la toma de agua de la Central de Diéchar, donde cruzamos el río Monachil y enfilamos la pista forestal de San Jerónimo. Aquí Emilio nos tenía preparada la primera sorpresa: en lugar de seguir la pista hacia los Neveros, la abandonamos por un sendero a la izquierda a las primeras de cambio, y que nos lleva a la antigua leprosería del Convento de San Jerónimo. A los pocos metros de rodear el Convento, desaparece todo rastro de sendero. Por cierto, también desaparece la señal GPS; de ahí el breve tramo recto que aparece en el kilómetro 11 de la ruta interactiva.

Haz click para acceder al track y la ruta interactiva

Tomando como referencia un barranquillo que se abre a nuestra derecha nos metemos en el bosque. Los pinos se van cerrando y avanzar se hace cada metro un poco más duro. En el siguiente kilómetro de campo a través ganamos 300 metros verticales (ver la foto del encabezado). El grupo se separa, y en el nuestro confiamos en el buen sentido de la orientación de Aarón, que ya ha recorrido este tramo en el SNUT. Por detrás, sabemos que Emilio sirve de guía a Vanesa, Antonio Luis, Er León, y Xurxo.

Atravesamos un carrascal, y reencontramos la vereda. La pendiente baja a un soportable 20%, que puede hacerse trotando a ratos y, por fin, una cancela nos da paso a una pista forestal y a la carretera de la Sierra. Nos reunificamos, medimos nuestras fuerzas y empiezan las malas noticias. Lo que unos minutos antes era un txirimiri, está empezando a convertirse en un molesto y frio aguacero.

Corremos unos escasos 500 metros por asfalto, para pasar a la derecha a una nueva vereda que sirve de enlace con el antiguo circuito de BTT de la Suerte de Fuente Alta. Hacemos la parte baja del circuito, desde donde la ladera se abre en la lejanía hacia la Loma de Dílar y la espectacular vista de la parte de la ruta – 15 kms – que ya hemos dejado atrás. Sin embargo, poco podemos disfrutar del paisaje, con la lluvia arreciando y, sinceramente, escasamente preparados para un día húmedo y frío que contradecía todas las previsiones meteorológicas que habíamos consultado.

Por fin salimos del circuito por el extremo opuesto al de entrada y llegamos a Pradollano. Calados ya hasta los huesos, toca reunirse de nuevo y tomar decisiones. Una cafetería abierta, un café con tostadas y, sobre todo, los secamanos de los servicios, que nos permiten secar y calentar un poco nuestras prendas, nos hace ver las cosas con más claridad. Al retomar el camino, la lluvia se hace más fina y, saliendo de Pradollano por la fuente del Mirlo, un claro entre las nubes incluso nos regala algunos rayos de sol.

La parte de la ruta que nos queda por delante es si cabe aún más espectacular. Hacemos parte del antiguo circuito de fondo de la Estación de esquí, y lo abandonamos al poco para tomar la vereda que nos acabará llevando de nuevo hasta el Collado de Matas Verdes. Estos últimos 10 kms son los más entretenidos: aunque hay fuertes repechos de varios cientos de metros, el desnivel medio es negativo. La vereda es técnica pero puede puede hacerse rápido. Hay que atravesar arroyos y zonas empantanadas (en una de las cuales Aarón mete la pierna hasta la rodilla, en lo que él creía que iba a ser un “elegante” salto por encima de un arroyo…) Finalmente, ganamos el Collado y el Trevenque aparece imponente ante nuestros ojos. Esta parte de la ruta coincide con la de inicio pero, lo que a la salida era una penosa cuesta arriba, ahora es un divertido descenso.

Por fin, alcanzamos nuestra meta. Aarón, Fran, Antonio y yo llegamos en cabeza, exultantes. Poco a poco van goteando los demás. Cada que cabeza que aparece a lo lejos la celebramos como si fuera la meta de una importante carrera. En toda la ruta, lo mejor: los compañeros.

Los compañeros

De izquierda a derecha: Aarón, Fran, Antonio, Er Leon, Pablo, Nando, César (abajo), Emilio, Vanesa y Antonio Luis. Xurxo está haciendo la foto. Muchas gracias a tod@s.