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Carrera de fondo en ruta; 10.000m; Dificultad física: media; Zapatillas Mizuno Wave Rider

Clasificación, Fotos de la organización (sólo inscritos), Fotos (I), Vídeo (I), Vídeo (II)

Corren malos tiempos para que un banco organice una carrera solidaria. Admítanlo, cualquier intento de autopropaganda se acaba convirtiendo en contrapropaganda. Que los ciudadanos de a pie nos creamos eso del banco cercano y comprometido es complicado, así que como lavado de cara la cosa les ha funcionado regular.

Dicho esto, vayamos a los datos. De las 11.966 inscripciones, aproximadamente la mitad eran de la carrera 10k (10€) y la otra mitad para el 5k (5€). Si, como parece ser, el 90% de lo recaudado iba a proyectos educativos de ACNUR, la cuenta de la vieja dice que se recogieron algo más 80.000€. Llamadme cerdo capitalista, pero, copón, 80.000€ de una tacada es algo a lo que ninguna oenegé va a hacer ascos. Maquiavélico, pero cierto.

Política aparte, la carrera rozó la épica por otras razones. En la vida había corrido yo bajo tamaña manta de agua. Cuando me metí al metro de la Elipa, amenazaba; saliendo de la estación de Nuevos Ministerios chispeaba; ya en manga corta, calentando, llovía con ganas; pero es que para cuando sonó el pistoletazo de salida, jarreaba la de Dios es Cristo. Y aún así, salir chapoteando como alma que lleva el diablo Castellana abajo entre otras 10.000 almas con look recién duchado hasta tiene su encanto. Ahí están los vídeos para demostrarlo. Los cientos de personas que bajan, cruzándose con los cientos de personas que suben, forman un cuadro digno de aparecer en cualquer vídeo motivacional de esos que nos gustan a nosotros los corredores.

El recorrido es simple, pero el entorno lo hace diferente. No todos los días se corta la Castellana para que uno corra. La salida se encontraba unos doscientos metros calle arriba desde Nuevos Ninisterios. Se sale cuesta abajo, por la derecha según se avanza,  y se baja durante 3km. Se gira unos 50m antes de llegar a Cibeles y se sube por el lado contrario de la calle durante 5 eternos kilómetros, hasta llegar a plaza de Castilla. Y vuelta a bajar, ya a tumba abierta, camino de la meta. Eso es todo. Lo más rápido posible.

Y en esta ocasión fue bastante rápido. Tanto que, a pesar del perfil y de la lluvia, me he quedado a sólo 6′ de mi mejor marca en 10k, y he conseguido mi mejor clasificación relativa en una carrera de fondo (73 de 3680 que finalizaron). Lo malo fue luego volver en el metro hecho una sopa...

Carrera de fondo nocturna; 8.500m; Terreno urbano mixto; Dificultad: baja.

El éxito de la carrera nocturrna de Atarfe es un mistario. Me explico. Es la carrera más “antifondística” que conozco. Primero, se sale de una plaza de toros, con lo que el tapón a la salida es monumental (en los dos sentidos). Segundo, la distancia es de lo más inusual. Tercero, tiene desnivel, todo concentrado en la primera mitad de la carrera. Cuarto, se atraviesan todo sitio de lugares inverosímiles: polideportivos, parques con caminos de tierra, calles oscuras y embarradas… Y quinto, contiene curvas y requiebros – algunos de 180º – como para marearse.

Y aún así la carrera es un éxito de participación, de público, de ambiente y, sobre todo, de buen rollo. Lo cual demuestra dos cosas importantes sobre este deporte nuestro: que la mayor parte de las quejas de los corredores en la mayoría de las carreras son pamplinas, y que el atletismo popular lo hacemos, como su propio nombre indica, las personas, y que si nuestro objetivo es pasarlo bien corriendo, pues lo pasaremos bien corriendo.

Y eso que no me tocó ninguno de los 30 jamones sorteados. Si llega a tocarme, esta crónica ya habría sido una elegía.

Aquí lleváis el perfil y los detalles técnicos.

Carrera por montaña; Terreno: Vereda, campo a través, cortafuegos y pista forestal; 17km; zapatillas Asics Gel Trabuco 13; Dificultad física: muy alta; dificultad técnica: media.

Clasificación y fotos en la página web de global-tempo.

Después de mucho tiempo sin actualizar el blog, me animo a vencer la pereza para dar cuenta de la primera carrera por montaña de Cenes de la Vega.

Pocos imaginarían que tan cerca de las mismas puertas de Granada capital pudiera sacarse un trail tan duro. A priori, me extrañaba la denominación de CxM, pero, visto lo visto, está más que bien puesta, ya que por dureza no tiene nada que envidiar a otras carreras del mismo tipo ya consolidadas.

Viendo el perfil, y esos más de 1000m de desnivel positivo en una distancia aparentemente corta (17km), y haciendo un cálculo bastante sencillo, podíamos haberlo imaginado. Sin embargo, una cosa es imaginar una carrera y otra es correrla. En nuestro caso, además, la experiencia corría en nuestra contra. Estábamos más que familiarizados con la zona, pero para elegir el recorrido la organización había evitado las pistas forestales – más obvias, más anchas, y de pendiente más constante – para decantarse por veredas y trozos de cortafuegos, cercanas a las mismas, pero de terreno mucho más quebrado y rompepiernas.

El punto de partida se encontraba en el casco urbano de Cenes. Desde ahí, un llaneo de algo menos de 3km por la ribera del Genil nos plantaba a los pies de uno de los cortafuegos que salvan el barranco del Balcón del Genil (la Raja Tomás) y te dejan en el Camino de los Neveros. El recorrido, sin embargo, abandonaba a las primeras de cambio el Camino de los Neveros por la derecha, para ir cresteando paralelamente al mismo. Ese cresteo constaba de 4 empinadísimas cuestas – de más del 30% de desnivel en algún tramo – y de muy breves descansos entre ellas. En total, algo más de 5kms de durísimo ascenso casi constante, en el que sólo era posible correr a cortos intervalos, que nos dejaban el cumbre del Cerro de los Majojos, un popular punto de despegue para parapentistas.

Una vez descendidos por la cara opuesta del cerro, nos enganchamos al camino de los Neveros, que descendemos entre el km 8 y el 10 de la prueba. A continuación abandonamos el camino por un cortafuegos técnicamente sencillo, pero de pendiente endiablada, donde se pueden alcanzar velocidades importantes. Por desgracia, ese largo y pronunciado descenso castiga las piernas tanto o más como los ascensos, y todavía queda por subir un largo tramo por la pista forestal que une la carretera de la Sierra y el Camino de los Neveros, antes de enfilar de nuevo el camino y el último cortafuegos que nos deja a las puertas de Cenes y a un kilómetro escaso de la meta.

En resumen, la dureza de la ruta no reside sólo en el desnivel, sino también en la brusquedad de las subidas y de las bajadas. Las subidas son inmensamente duras, pero igualmente las bajadas son largas, de fuerte pendiente y castigan las piernas extraordinariamente. Yo, dos días después, aún tengo unas agujetas que apenas me han dejado hoy rodar un poco para soltar las piernas.

No sí la publicidad, que rezaba que ésta es la carrera más dura de Sierra Nevada, puede tomarse por cierta, sobre todo teniendo en cuenta que la Media Maratón de Montaña que se celebra en breve durante el Mountain Weekend Festival (organizado por el Club Alpino Benalmádena) tiene una distancia y un desnivel medio mayor que ésta; pero, igualmente, no es una carrera para incautos.

En el apartado de la organización, todo fue razonablemente bien para ser una primera edición. Ya sorprende que en estos tiempos nazcan carreras nuevas. También, aunque a mi la cuestión de los regalos me la trae bastante al pairo, es de agradecer una bolsa del corredor bastante decente: una camiseta de las que se pueden usar de verdad para correr (y no como pijama o para trapos), y una gorra de running también utilizable. Del lado de las cosas a mejorar: un guardarropa más seguro y una recogida de dorsales un poco más ágil y, sobre todo, en la que se compruebe la identidad y la ficha federativa para evitar posibles sustos.

Ruta interactiva

Maratón homologado: 42km 190m; Perfil prácticamente plano; Zapatillas Nike LunarElite

Track y ruta interactiva, Clasificación, Vídeos de Meta

Segundo intento frustrado de mejorar mis 3h 13′ de mejor marca, y segunda vez que viene el tío del mazo a dejarme KO tras 30 kms. corridos con más valentía que cabeza. Eso resume casi todo lo que hay que contar, en lo que a mi actuación se refiere, aunque todo lo demás bien merece unos comentarios, en su mayoría elogiosos.

Empezamos el sábado por la tarde: la recogida de dorsales se cierra a las 8pm, así que el bueno de Joe y yo vamos con tiempo y, desconociendo las distancias y el trasporte público, decidimos dar un paseo. Por el camino descubrimos quizá el único ‘pero’ de esta carrera. El Estado Olímpico, donde se sitúa la línea de salida y la feria del corredor, está a media hora larga del centro de Sevilla. Además, para una ciudad con tanto encanto como ésta, el paseo y el lugar de destino claramente la desmerecen. Los alrededores del estadio parecen haber envejecido antes incluso de haber sido totalmente terminados, y el estadio mismo produce una cierta sensación de descuido.

La entrega de dorsales, sin embargo, está perfectamente organizada. Hay más que suficiente personal y, por tanto, las colas son inexistentes. Y la bolsa del corredor está magníficamente dotada: camiseta técnica, shorts de running y calcetines, todo de marca Joma, probablemente de más valor en tienda de lo que costaba la inscripción anticipada.

A las 6.45 de la mañana siguiente suena el despertador, y nos levantamos con tiempo suficiente para el desayuno que marcan los cánones. Los nervios y la expectación se mezclan a partes iguales. Para Joe es la segunda maratón, para mi ya es la cuarta. He entrenado meticulosamente durante varios meses, pero un desafortunado encadenamiento de gripes y problemas digestivos cortó todo intento de preparación razonable hace casi un mes. Sinceramente, no sé que esperar de mi cuerpo (incertidumbre que luego se demostraría justificada).

Enfrentados a la necesidad de trasladarnos de nuevo hasta la quinta puñeta, esta vez tomamos un taxi. Llegamos. Es temprano, pero los alrededores del estadio ya bullen de actividad. Cientos de operarios de aquí para allí, seguridad, voluntarios y corredores, muchos corredores, se mueven como hormigas a nuestro alrededor.

Entramos en las entrañas del Estadio, y en ese momento es cuando uno empieza a entender por qué esta maratón, dicen, es la mejor organizada de la Península. Llama la atención la rapidez de funcionamiento del guardarropa, y el gran número de baños químicos, casi sin colas. Personalmente, me sorprenden dos cosas. La primera es que haya una zona climatizada para cambiarse, con suficientes sillas para todos y con grandes estufas. La segunda: una amplia zona de calentamiento (en realidad una pista de tartán cubierta) para ir entrando en materia sin sufrir las bajas temperaturas que, incluso en Sevilla, nos está deparando este invierno.

Se está bien dentro, pero me vence la curiosidad y salgo al anillo del estadio. Incluso con las gradas vacías, impresiona. Empiezas a imaginarte lo que será cruzar ese mismo túnel en la llegada a meta. Una de las marcas de la casa, que con más frecuencia aparece mencionada en las crónicas de decenas de corredores blogueros como yo. Empiezo a dar mis primeras vueltas de calentamiento. Las sensaciones son buenas. El ambiente se caldea y, antes de darme cuenta, ya estoy hombro con hombro con otros cinco mil corredores esperando el disparo…

Y por fin, la salida. Un poco lenta, por la necesidad de tener que apretarnos para atravesar las puertas del Estadio, pero, ya fuera, en seguida se abren largas avenidas que permiten coger velocidad de crucero en poco más de un minuto. A un lado y a otro, amplias extensiones sin construir, edificios de nueva arquitectura desperdigados. Impresiona cruzar el puente sobre el Guadalquivir para encarar el tramo de la carrera pero, pasado este punto, todo empieza a ser bastante monótono. El recorrido es llano, amplio, las avenidas se hacen kilométricas, interminables, y el paisaje no tiene gran cosa que destacar. Los kilómetros se suceden rápidamente uno detrás de otro en la primera mitad, pero poco a poco, las piernas empiezan a acusar el castigo físico y psicológico. Cruzo la media maratón con buenas sensaciones en 1h 34′ 33”. Sin embargo, para cuando empiezan a aparecer algunos puntos reconocibles (el Sánchez Pizjuán, el parque de Maria Luisa, la zona de Plaza de España…), mi cuerpo comienza a lanzar claras señales de alarma. Tal y como se aprecia en la ruta interactiva, la amenaza se concreta en el kilómetro 30, exactamente donde los libros dicen que suele hacerlo.

Haz click en la imagen para la ruta interactiva

Miro mi ritmo y, en poco más de un kilómetro, y sin que pueda hacer gran cosa para evitarlo, baja de 4′ 26” a más de 5’/km. De aquí en adelante – esto ya lo he vivido yo antes – sólo queda sufrir como un perro, durante una hora con sus sesenta minutos, cada uno de los cuales se estira como un chicle. A tramos consigo bajar de los 4’50”, en otros el ritmo sube por encima de los 5’15”. Por primera vez en mi vida en una carrera en ruta, tengo que parar, tomar aire y seguir. Mirando el track y teniendo en cuenta dos paradas (más o menos voluntarias) y otra más (obligatoria, vejiga llena obliga). La media de los últimos 12 kms se mantiene en torno a los 5’/km. Vivirlo es mucho peor que contarlo, y poco a poco veo como mi objetivo de bajar de las 3h 13” vuelve a escaparse. Para el kilómetro 34 ya era bastante obvio, así que supongo que eso añadió algún grado más al contador de fatiga.

Pero hasta el peor de los tormentos tiene su fin, y atravesar el túnel de entrada al estadio proporciona sensaciones impagables. Esa última vuelta resulta de gloria y tortura a partes iguales. Nada más cruzar la línea de meta, una amable voluntaria me echa una toalla por encima (dan ganicas de darle un abrazo y llorar teatralmente en su hombro) y sólo entonces uno empieza a darse cuenta de lo que acabada de hacer. Una vez más.

En el interior casi inmediatamente localizo a Joe, quien, por cierto, me había pasado como una flecha en el kilómetro 25. También el había “muerto las mil muertes” (en sus propias palabras), pero había conseguido entrar en 3h 14′ 45”, casi cinco minutos por delante de mis 3h 19′ 33”. En este punto, de todas formas, el tiempo ya casi ha dejado de tener importancia. Mi cabeza sigue corriendo por las calles de Sevilla.

Rutas de trail running; 20 y 21 kms (respectivamente); Terreno: Pista, camino rural, plataforma del tranvía minero y vereda; Dificultad física: media; Dificultad técnica: Baja; Zapatillas Mizuno Ascend.

Este blog ya lleva un par de entradas dedicadas al antiguo distrito minero de Linares, pero los anteriores tracks no habían quedado del todo redondos, sobre todo porque grababa a la vez que exploraba la zona. Ahora que la conozco un poco mejor, tengo la oportunidad de ofrecer dos variantes prácticamente circulares que aprovechan casi todos los senderos (o al menos los más llamativos).

Sendero de Paño Pico. Foto de cecimp en Panoramio

Las dos tienen su arranque en el Paseo de Linarejos (Linares), y discurren por la pista que sale de la Ermita de la Virgen de Linarejos hasta llegar a la antigua Fundición de San Luis. Tomando el camino que sale a la derecha desde la Fundición se llega casi sin pérdida hasta el Cortijo de Don Fabián, y un poco más adelante, siguiendo una vereda ligeramente ascendente situada a nuestra izquierda, a la parte alta de la Cuesta del Mimbre. Descendiendo ésta sólo unos metros nos encontramos ahora a la izquierda una vereda que, en unos pocos metros, se convierte en un camino algo más ancho, y que acabaremos abandonando de nuevo a la izquierda siguiendo las indicaciones de la central eléctrica minera de San José. Desde allí, siguiendo ahora el indicador de la Mina la Mejicana, nos adentramos en el precioso sendero de Paño Pico hasta llegar al Radio-faro (un conjunto de antenas de repetición que hacen de fácil punto de orientación).

Desde este punto, continuando recto tenemos una rápida vía de escape hacia Linares, atravesando la Urbanización de La Cruz. En lugar de ello, yo tomé el camino que, junto al Radio-faro, desciende a mano derecha hacia la Dehesa de Guarromán (sendero del Cerro de las Mancebas). Justo al llegar junto a los invernaderos, se toma el camino de la derecha hacia la Garza, y continuamos recto hasta llegar a la Cuesta del Mimbre y subirla entera. Para no repetir la vereda de subida, tomo una paralela que discurre junto a una valla y que, igualmente, me deja en el Cortijo de Don Fabián. De nuevo, para no repetir el camino de ida, tomo la vereda paralela que queda justo a la derecha y, atravesando un arenal, me encamino hacia la pista principal (Linares-La Cruz) desde donde, ahora sí, no queda más remedio que repetir una buena parte del camino de ida, aunque ligeramente cuesta abajo se hace ahora cómodamente.

El track puede exportarse desde la siguiente ruta interactiva:

Distrito minero de Linares (variante 1, por la Cuesta del Mimbre)

La segunda variante es igual a la primera hasta llegar al Cortijo de Don Fabián. Desde aquí, sin embargo, en lugar de tomar la vereda que conduce en sentido ascendente hacia la Cuesta del Mimbre, tomamos la que hay justo antes, que conduce -ahora en sentido descendente- hacia la Garza, pasando junto al Pozo Cota 0 y el Calvario. Pasamos junto a la Garza en sentido hacia la Dehesa de Guarromán pero, en lugar de seguir el camino del Cerro de las Mancebas, nos desviamos a la izquierda en dirección al Lavadero de Arrayanes, el Pozo Zulueta y el Pozo San Ignacio. En el tercio final de este camino encontramos un desvío que nos lleva hacia la Central de San José y hacia el Sendero de Paño Pico (común a las dos variantes). Esta vez, en lugar de descender junto al Radio-faro, llaneamos recto, atravesamos la Urbanización de La Cruz y regresamos siguiendo la pista principal de vuelta hacia Linares.

De nuevo, el track puede exportarse desde la siguiente ruta interactiva:

Distrito minero de Linares (variante 2, por el Lavadero de Arrayanes)

Para terminar, las dos rutas sobreimpresionadas. Como puede observarse, haciendo las dos, hay pocos puntos de interés en la zona que se queden sin visitar.

El distrito minero de Linares, casi al completo

Media Maratón homologada; 21km 95m; Zapatillas NewBalance 805

Fotos, vídeos y clasificación oficial de la prueba

Foto cortesía de Marga Colón y Pablo Castillo

A estas alturas poco me queda que decir de la Media de Granada. Este año, el cuarto para mi, se ha corrido en condiciones meteorológicas inmejorables. Con sol, el asfalto seco y temperatura fresca en la salida, pero con la atmósfera limpia de contaminación gracias a las últimas lluvias. El recorrido era el mismo de las anteriores ediciones, tal y como se puede comprobar en la ruta interactiva.

Pincha en la imagen para ver la ruta interactiva

Como digo, es mi cuarta participación en esta media. La novedad de este año para mi era la presencia de un buen número de nuevos compañeros. Nuevos, algunos, por su estreno en distancias largas y, otros, porque he tenido la suerte de conocerlos en esta última temporada. Vaya por delante mi saludo y mi enhorabuena a todos los nuevos miembros de Granada UltraTrail, a todos los Cualquiera Puede Hacerlo y a los Granabikers que han dado el salto de la bici a las zapatillas.

La segunda novedad era el haber entrenado sin demasiadas pretensiones y sin ningún sistema medianamente razonable. No quiero decir con ello que no haya entrenado. Probablemente no me haya metido tantos kilómetros en una sola temporada desde hace por lo menos tres. Pero las series han brillado por su ausencia, y la distribución de kilómetros ha sido muy irregular: semanas de salidas muy largas por montaña y otras de rodajes tranquilos por ciudad, insensatamente distribuidas a lo largo del año. En resumen, he corrido para disfrutar y cuando buenamente podía…

Mi decisión de partida era salir rápido y ver hasta dónde llegaba el cuerpo. Los primeros kilómetros, por el Zaidín, iba marcando entre 4′ 05” y 4′ 07”/km. Cuando enfilamos hacia la Chana por la c/Arabial sigo marcando en torno a 4′ 10”, sabiendo que hacia el kilómetro 10 la carretera se empina y hay que rebajar drásticamente el ritmo. Mi previsión es que los repechos entre los kilómetros 10 y 12 me desgastaran bastante. Para mi sorpresa, por el contrario, tras este tramo me sigo encontrando bastante fresco, así que decido arriesgar y echar el resto, aún muy lejos de la meta.

Mi última referencia de las consecuencias de tan insensata decisión era la Media de Fuencarral, donde un pajarazo de dimensiones descomunales a 8 kilómetros de meta me dejo machacado y desmoralizado. Pero las decisiones arriesgadas unas veces salen bien y otras mal, y esta vez tocaba la de cal.

La presencia de público en las calles del centro de Granada hacen el esfuerzo un poco más llevadero. Me engancho a la estela de un trotanoches, familiar de otras carreras en la zona gris de la clasificación y, cuando quiero darme cuenta, ya hemos llegado a la orilla del Río Genil. Los últimos tres kilómetros son duros, porque hay que remontar el Camino Bajo de Huétor en toda su inacabable longitud de nuevo hasta el extremo sur del Zaidín. No voy a decir que esos últimos kilómetros vaya fresco pero, en estos lances finales, la cabeza cuenta más que las piernas y estoy sorprendido de lo bien que ha ido la carrera hasta aquí. Así que tengo motivación suficiente para un apretón final que me deja a las puertas del estadio a poco más de 3’50” el último kilómetro.

Al final, 1h 27′ 57” oficiales, muy cerca de la 1h 27′ 43” que marqué el año pasado y que sigue siendo mi MMP. Mucho, mucho mejor de lo que cabía esperar.

No quisiera terminar esta crónica sin una última reflexión personal. He leido un buen número de comentarios quejándose de la bolsa del corredor de este año (sobre todo de la calidad del tejido y la serigrafía de la camiseta). No quiero erigirme en juez de nadie, pero a veces parece que olvidamos de qué va esto. Olvidamos que, por 11 euros, estas carreras son deficitarias siempre, que implican movilizar a cientos de personas entre trabajadores, miembros de las fuerzas de seguridad, Protección Civil y voluntarios. Olvidamos que esto es una fiesta del deporte para todos y que, por un día, podemos correr juntos y celebrar nuestro deporte en una ciudad sin coches que se vuelca con nosotros. En estos tiempos que corren, olvidar eso, que es lo fundamental, y fijarse en si la camiseta es más bonita o más fea, o de si en tal o cual ciudad obsequian tal y cual cosa, me parece tremendamente desagradecido. A los que pensaís así, os preguntaría, ¿qué os mueve a correr?

Ruta de trail running por media y alta montaña; 26.4 kms; Dificultad técnica: media; Dificultad física: muy alta; Zapatillas Asics Trabuco 13

Hoy resulta difícil ponerse a escribir. Es difícil decidir por dónde empezar. Es difícil encontrar las palabras. Y, en cualquier caso, lo que escriba no va a ser fiel a las sensaciones recogidas. Las fotos, con seguridad, tampoco harán justicia.

Vanesa y Emilio

A las 8 y 30 nos esperaba Emilio en el Centro de Interpretación del Jardín Botánico de la Cortijuela, donde llegamos puntales los que subíamos en coche desde Granada. El breve recuento da una representación estupenda de los clubes implicados. Por parte de Granabike-HIMAT, Nando, Antonio Luis y Xurxo; por parte de “Cualquiera puede hacerlo”, Fran, Antonio y Er Leon; y por parte de Granada UltraTrail, Emilio, Vanesa, Pablo, Aarón, y el que escribe. Poco a poco, somos más los que nos vamos animando a practicar este duro pero agradecido (a veces) deporte que es el trail running de montaña.

Salimos subiendo la fuerte pendiente de la vereda que, desde la Cortijuela, forma parte del Sulayr (sendero que toma su nombre del título que los árabes dieron al Veleta, la Montaña del Sol, y que hoy circunda todo el macizo de Sierra Nevada). Ascendemos poco a poco, con las piernas aún torpes y la respiración entrecortada del frío y el esfuerzo. Al poco la pendiente se relaja y alcanzamos un prado, desde el que se divisa la corona del Trevenque a nuestra espalda y el Valle del Monachil a nuestra izquierda.

Seguimos avanzando hasta coronar el Collado de Matas Verdes. El Trevenque sigue reinando a nuestras espaldas, pero frente a nosotros ya se abre la imponente cadena de los tresmiles, hoy ocultada por las nubes, aún lejanas, y por el relente. Primer aviso: por encima de los 2500 m., a lo lejos se divisa perfectamente una fina capa de nive en las laderas del Veleta y los Machos. La temperatura sigue siendo baja y no parece que el tiempo vaya a mejorar.

Un kilómetro de fuerte bajada después del collado, doblamos a la izquierda, siguiendo el recorrido del Sulayr. El sendero en zig-zag nos conduce a la toma de agua de la Central de Diéchar, donde cruzamos el río Monachil y enfilamos la pista forestal de San Jerónimo. Aquí Emilio nos tenía preparada la primera sorpresa: en lugar de seguir la pista hacia los Neveros, la abandonamos por un sendero a la izquierda a las primeras de cambio, y que nos lleva a la antigua leprosería del Convento de San Jerónimo. A los pocos metros de rodear el Convento, desaparece todo rastro de sendero. Por cierto, también desaparece la señal GPS; de ahí el breve tramo recto que aparece en el kilómetro 11 de la ruta interactiva.

Haz click para acceder al track y la ruta interactiva

Tomando como referencia un barranquillo que se abre a nuestra derecha nos metemos en el bosque. Los pinos se van cerrando y avanzar se hace cada metro un poco más duro. En el siguiente kilómetro de campo a través ganamos 300 metros verticales (ver la foto del encabezado). El grupo se separa, y en el nuestro confiamos en el buen sentido de la orientación de Aarón, que ya ha recorrido este tramo en el SNUT. Por detrás, sabemos que Emilio sirve de guía a Vanesa, Antonio Luis, Er León, y Xurxo.

Atravesamos un carrascal, y reencontramos la vereda. La pendiente baja a un soportable 20%, que puede hacerse trotando a ratos y, por fin, una cancela nos da paso a una pista forestal y a la carretera de la Sierra. Nos reunificamos, medimos nuestras fuerzas y empiezan las malas noticias. Lo que unos minutos antes era un txirimiri, está empezando a convertirse en un molesto y frio aguacero.

Corremos unos escasos 500 metros por asfalto, para pasar a la derecha a una nueva vereda que sirve de enlace con el antiguo circuito de BTT de la Suerte de Fuente Alta. Hacemos la parte baja del circuito, desde donde la ladera se abre en la lejanía hacia la Loma de Dílar y la espectacular vista de la parte de la ruta – 15 kms – que ya hemos dejado atrás. Sin embargo, poco podemos disfrutar del paisaje, con la lluvia arreciando y, sinceramente, escasamente preparados para un día húmedo y frío que contradecía todas las previsiones meteorológicas que habíamos consultado.

Por fin salimos del circuito por el extremo opuesto al de entrada y llegamos a Pradollano. Calados ya hasta los huesos, toca reunirse de nuevo y tomar decisiones. Una cafetería abierta, un café con tostadas y, sobre todo, los secamanos de los servicios, que nos permiten secar y calentar un poco nuestras prendas, nos hace ver las cosas con más claridad. Al retomar el camino, la lluvia se hace más fina y, saliendo de Pradollano por la fuente del Mirlo, un claro entre las nubes incluso nos regala algunos rayos de sol.

La parte de la ruta que nos queda por delante es si cabe aún más espectacular. Hacemos parte del antiguo circuito de fondo de la Estación de esquí, y lo abandonamos al poco para tomar la vereda que nos acabará llevando de nuevo hasta el Collado de Matas Verdes. Estos últimos 10 kms son los más entretenidos: aunque hay fuertes repechos de varios cientos de metros, el desnivel medio es negativo. La vereda es técnica pero puede puede hacerse rápido. Hay que atravesar arroyos y zonas empantanadas (en una de las cuales Aarón mete la pierna hasta la rodilla, en lo que él creía que iba a ser un “elegante” salto por encima de un arroyo…) Finalmente, ganamos el Collado y el Trevenque aparece imponente ante nuestros ojos. Esta parte de la ruta coincide con la de inicio pero, lo que a la salida era una penosa cuesta arriba, ahora es un divertido descenso.

Por fin, alcanzamos nuestra meta. Aarón, Fran, Antonio y yo llegamos en cabeza, exultantes. Poco a poco van goteando los demás. Cada que cabeza que aparece a lo lejos la celebramos como si fuera la meta de una importante carrera. En toda la ruta, lo mejor: los compañeros.

Los compañeros

De izquierda a derecha: Aarón, Fran, Antonio, Er Leon, Pablo, Nando, César (abajo), Emilio, Vanesa y Antonio Luis. Xurxo está haciendo la foto. Muchas gracias a tod@s.

Carrera de fondo en ruta; 47km 380m; Dificultad física: Extrema; Zapatillas Nike LunarElite 2

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Pincha aquí para ver la ruta interactiva

A las 7 estábamos bien preparados Laure, Emilio y yo en el extremo del paseo del Salón, junto con otros más de 400 corredores, dispuestos para realizar una de las pruebas de fondo más duras que pueden caber en la cabeza de un atleta.

La subida pedestre al Veleta tiene merecida su fama. Casi 50 kms, de los que, desde el 10 hasta el 50 transcurren por una continua subida que empieza a los 700 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra Granada capital, y termina en los 3400 a los que se encuentra la cumbre del Veleta.

A la salida, mi compeñero Emilio y yo hemos salido juntos, a un conservador, pero suficientemenete vivo ritmo. Juntos hemos llegado hasta el arranque de la cuesta arriba, a la salida del pueblo de Pinos Genil. Desde allí, nuestros respectivos ritmos nos han ido distanciando lenta pero inexorablemente.

Para este punto, ya se me había unido Gaby, que con su bicicleta de carretera me ha acompañado prácticamente hasta el final de la ruta, y al que le agradezco enormemente el haberme abastecido de isotónica y comida, pero sobre todo, el haberme hecho compañia, y la carrera mucho más llevadera. Todo el camino estaba de hecho plagado de compañeros de Granabike, marcando con su presencia (y con su vocerío) los puntos más señalados del recorrido, y, algunos de ellos, con sus BTTs, acompañándonos en algunas partes del recorrido.

Bien. Como decía, una larga subida al 7-8% de desnivel nos lleva de Pinos Genil al empalme con la carretera de Sierra Nevada. A partir de aquí la pendiente se relaja un poco, y los kilómetros se suceden lentamente, con un solo y breve descanso de unos pocos cientos de metros. Marco ritmo de crucero a poco más de 6’/km, y me dejo distraer por las cada vez más espectaculares vistas y por la conversación de mis compañeros.

Llegamos al centro de visitantes del Dornajo, en el km 25, una media hora por delante de mi horario previsto. Allí está el grupo que ha montado Nando. Paro un breve minuto para saludar y repostar, y, sobre todo, para prepararme mentalmente para lo que está por llegar, que es aún lo más duro…

Nos desviamos de la carretera principal de acceso a la Estación de Esquí, y enfilamos la antigua carretera de la Sierra, camino del Collado de las Sabinas: una interminable sucesión de curvas (puerto de categoría especial en la Vuelta a España de ciclismo) que machaca al más duro. Los tramos rectos se hacen llevaderos, pero cada curva cae como un hacha sobre las piernas. A media subida la vegetación desaparece y empieza a manifestarse el paisaje casi lunar tan característico de la alta montaña granadina.

Tras siete kilómetros llegamos a un tramo, de nuevo excesivamente corto, de llaneo y ligera bajada, y en breve volvemos a desviarnos, dejando a nuestra derecha Pradollano y ascendiendo a nuestra izquierda camino de la Hoya de la Mora. De nuevo la carretera se empina, y, aunque la temperatura es suave, el sol cae a plomo, y no se divisa ni un atisbo de sombra.

Desde aquí la ascensión ya es continua y constante. Cerca de la Hoya de la Mora las fuerzas empiezan a flaquear y empiezo a hacer cortos tramos andando. De hecho, la mayor parte de los corredores ya se han convertido en marchadores. Yo, por mi parte, empiezo a temerme que he sido demasiado arriesgado manteniendo un ritmo tan vivo hasta este punto.

Pero llego a la Hoya de la Mora, y allí me encuentro, por sorpresa a Marijose y a mi niña Candela. No hay mejor revulsivo para un momento de crisis y tardo casi dos kms en perder la sonrisa de la cara. Dos kms que, por cierto, he vuelto a hacer corriendo.

Los últimos 10 kilómetros, para quien conozca la subida al Veleta son poco menos que un infierno. Con casi 40 kms en las piernas (30 de subida), el Veleta se te muestra en todo su esplendor, tan enorme que parece que está al alcance de la mano. Pero la carretera parece estar hecha a propósito para desesperar al que intenta alcanzarlo. Una vuelta sucede a otra vuelta, y otra más y lo que son poco más de dos kms en línea recta se convierte en casi 10 de sufrimiento. A estas alturas la carretera escasamente es tal, descascarillada por las inclemencias. Aún así, Gaby y Newtunning siguen acompañándome. El primero con su flaca, teniendo todo el cuidado del mundo con los baches, el segundo con su burra, bastante más comodo.

Conforme avanza la subida empieza a hacer efecto lo que he ido comiendo por el camino, y me revitalizo un poco. Los tres últimos kilómetros decido dejar de andar y ponerme a correr. No casualmente, sino porque en un control me dicen que voy el 104, y veo al alcance de la mano llegar entre los 100 primeros de esta prueba mítica.

Esos tres últimos kilómetros resultan agónicos, pero la meta está tan cerca que la cabeza te lleva con más fuerza que las piernas. Sigo subiendo, a todo lo que dan mi corazón y mis pulmones (hay está el registro de la ruta interactiva para atestiguarlo). Y, por último, la meta. Una meta que sabe a gloria más que nunca. Finalmente, puesto 98 en 5h 40′ 44”.

Ruta mixta de asfalto y vereda; 19.6 kms; Dificultad técnica: Baja; Dificultad física: Muy alta; Zapatillas Mizuno Ascend de trail running

Ruta interactiva

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Para bien o para mal, no creo que la ruta de anoche haya dejado indiferente a nadie. Prometí una tirada que mereciese servir de entrenamiento para la ya más que próxima subida al Veleta y cumplí mi palabra.

Esta ruta contiene todo aquello que un buen ultracorredor (digamos, por ejemplo, Emilio, a la espera de sus comentarios) más ama y más odia. Para empezar, cuesta arriba sin calentar y por asfalto. Los ciclistas conocen bien la subida al Collado del Alguacil desde Guéjar: una carretera de montaña de 9 kms sin un solo descanso y con una pendiente media del 11%. Teniendo en cuenta que la subida al Veleta nunca pasa del 7% en las peores rampas, entiendo que alguien pueda decir que me pasé un poco. Pero avisar, avisé. Así que Laure y Vanesa, quizá sabiamente, se ahorraron este trago y se entretuvieron mientras tanto correteando por la zona.

Pasado el subidón, que hicimos en algo más de una hora, llegamos al Collado del Alguacil, y desde aquí – lugar de pasto veraniego de ganado vacuno – tomamos la vereda señalizada que conduce al Picón de Jérez. Obviamente, nuestras intenciones eran más modestas, así que ascendimos unos 6 kms, hasta el alto de las Catifas, aproximadamente, y desde allí tomamos el camino de regreso, desandando lo andado, de nuevo hasta el Collado del Alguacil. En total, paradas incluidas, toda la ruta nos dio para 3 buenas horas de running, en las que recorrinos casi 20km y ascendimos unos 1100m.

Por la lejanía desde Granada, o por estar cercana a la espectacular ruta de los Lavaderos de la Reina, esta es quizá una ruta menos conocida de lo que debiera. Lo bueno es que eso hace que también sea menos frecuentada. Y merece la pena conocerla. Nosotros la hicimos de noche, pero día ofrece una espectacular vista de la zona de los Lavaderos y el Veleta, la Alcazaba y el Mulhacén al fondo. Eso sí, en verano, porque en invierno toda la zona, a más de 2000m de altitud está totalmente cubierta de nieve.

Por supuesto, como siempre, muchas gracias a mis compañeros de fatigas: Emilio, Manolo, Laure y Vanesa, por demostrarme la paciencia que pueden llegar a tener semana tras semana.

Ruta de trail; 13’250km; Difícultad técnica: Baja; Dificultad física: Media-baja; Zapatillas Mizuno Ascend

Esta es una ruta repetida, que en su día hicimos Vanesa, Guillermo, Marc y yo, aunque en su momento no la grabé. Pues bien, aprovecho para incluir en el blog su descripción ahora. En esta ocasión estábamos los ya habituales Emilio, Laure y yo, más Vanesa, que vuelve con ganas a los entrenos tras una larga temporada en la nevera.

No es una ruta complicada en ningún aspecto, pero por su perfil y pendiente nos viene bien como parte de nuestro entrenamiento para la subida al Veleta, para la que ya quedan poco más de dos semanas. Como se observa en la ruta interactiva, está prácticamente partida en una mitad de subida (la Cañada del Sereno) y una de bajada (la pista principal de la Sierra de Huétor y la pista de la Fuente de la Teja), salvo por una subida final de casi dos kilómetros. El perfil incluido en la ruta interactiva es suficientemente ilustrativo:

Haz click en la imagen para acceder a la ruta interactiva

Para quien no conozca la ruta, lo más interesante se encuentra a la ida. La Cañada del Sereno es un sendero suficientemente ancho y limpio para hacerse de forma cómoda y sin perderse incluso de noche. De hecho, no es sólo popular entre caminantes y corredores, sino también entre ciclistas. Aún así, hay que tener cierta precaución porque es muy pedregosa y un tropezón puede salir caro.

Para llegar al inicio de la ruta hay que desviarse de la A-92 (dirección Almería) al llegar al Puerto de la Mora, y seguir la indicación del PN de la Sierra de Huétor. A escasos 200 metros del desvío nos encontramos con el arranque de una pista forestal que da acceso a la Casa Forestal de los Peñoncillos. Desde este punto, el arranque del sendero está señalizado. El track completo de la ruta puede descargarse desde el enlace “exportar” en la ruta interactiva.