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Ruta de trail running nocturno de alta montaña; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: Media; Zapatillas Inov-8 TrailRoc 245 (minimalistas-transición)

Hoy estoy que me salgo. Dos entradas el mismo día después de más de un año sin escribir. Pero la ocasión lo merece.

Ejercía hoy de Cicerone Aarón Hicks, uno de los miembros supervivientes del grupo fundador de Granada Ultra Trail, haciendo honor a su historial. Le seguíamos Sergio Nogueras, Antonio Marín y yo.

La ruta comienza en la Cortijuela al caer la noche, en pleno corazón de la media montaña de Sierra Nevada, a los pies del Trevenque. Desde ahí salimos cuesta arriba en dirección hacia el Collado Chaquetas por la pista forestal. Al llegar al collado, encendemos nuestras linternas y abandonamos la pista hacia la izquierda, por un empinado y pedregoso sendero. Ascendemos penosamente y nos vamos adentrando en la zona de alta montaña, por encima de los 2000m, hasta llegar a la cresta de la Loma de Dílar. De vez en cuando nos cruzamos con algún grupo de vacas que se pasan el verano pastando por aquí. No sé quien se asusta más, si ellas o nosotras. Echamos la vista atrás y la luna nos deja entrever la cadena de cotas medias de los Alayos, y las luces de Granada brillan al fondo. Espectacular.

El camino por la cresta asciende de forma suave hasta llegar el Peñón de Dílar, a más de 2400m de altitud. Coronamos y durante un par de kilómetros podemos correr rápido, esquivando las lascas de pizarra y empezando a sufrir las dificultades que implican estas alturas. Al poco, el camino se empieza a empinar de nuevo, y allternamos caminar y correr hasta llegar al borde mismo de la estación de esquí.

Nos colamos dentro de las pistas de esquí (ahora sin nieve, lógicamente) y bajamos todo lo rápido que nos dejan las piedras y los matorrales. Al poco se abre una vereda que acaba convirtiéndose en un camino ancho y que, ahora sí, nos permite bajar rápido hasta Pradollano, donde los ojos brillantes de un zorro extrañado nos dan la bienvenida.

Desde Pradollano salimos por la Fuente del Mirlo y enfilamos el camino del Collado de Matas Verdes. Este camino es un continuo sube y baja; una vez tras otra vamos cruzando barranquillos por los que bajan arroyos, que luego hay que remontar. El verano ha resecado mucho el terreno, que tiene muchas piedras sueltas y tierra. En algunas zonas ha habido desprendimientos y, a pesar de que hay más bajada que subida, el avance se hace sufrido. Tanto Aarón como yo probamos el suelo, él incluso en una de las caídas se da un fuerte golpe en la espalda que lo deja un poco renqueante.

Tras innumerables subidas y bajadas por fin enfilamos la larga subida que nos deja en el mismo Collado de Matas Verdes (que da nombre al camino). De nuevo el Trevenque y las luces de Granada se abren ante nuestros ojos, y sólo queda descolgarse un par de kilómetros más hasta llegar, cerca de las 12.30 de la noche, cansados y magullados, al punto de inicio de la ruta.

Mapa y altimetría de la ruta

Collado de Matas Verdes

Pincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. Mención aparte se merecen las zapatillas. Acabo de adquirir unas Innov-8 TrailRoc 245, unas zapatillas con sólo 3mm de drop, lo que las convierte en unas minimalistas o incluso en unas buenas zapatillas de transición al barefoot. Acostumbrado a correr con zapatillas con poco drop en asfalto, no me ha costado demasiado adaptarme a ellas. El agarre es muy bueno, y a pesar del poco drop, la suela aguanta bastante bien los terrenos técnicos. En general van muy vien subiendo, pero no tanto en el llaneo y las bajadas.

El upper no tiene tensores ni protecciones, lo que las hace muy cómodas y ligeras. El único inconveniente es que la ausencia de protecciones laterales y superiores deja el pie desprotegido. En una zona con tantos arbusto y pinchos como ésta, no es un incoveniente menor.

Carrera de montaña, 29 kms; Dificultad física: Alta; Difultad técnica: media-baja; Zapatillas Mizuno Wave Ascend 8

Clasificación y fotos de la organización, Fotos de Granada x el running

Llevo meses sin escribir una entrada nueva. No hay de qué preocuparse. La vida me mantiene entretenido con menesteres más urgentes, pero corro igual o más que siempre, aunque, eso sí, compito algo menos. En todo este tiempo casi he dejado las carreras cortas, pero han pasado los maratones de Valencia 2013, Sevilla 2014 y Madrid 2014, con suerte desigual.

Esta entrada se debe a que en esta carrera han pintado bastos de verdad. La tormenta perfecta: algo de malestar estomacal previo, 35ºC en la salida, exceso de confianza, no haber estudiado convenientemente el perfil y, sobre todo, el mayor peligro de todos los corredores: la deshidratación (seguramente como consecuencia de todo lo anterior).

La ruta comienza en el pueblo de Colomera a las 6 de la tarde, y lo hace fuerte. Tras algo más de un kilómetro callejeando cuesta arriba por el pueblo, abandonamos éste y tomamos un camino que lleva con pendiente constante y ascendente hasta aproximadamente el kilómetro 5, donde está el primer avituallamiento. Para este punto ya me ha quedado bastante claro que no lo voy a pasar bien; he salido demasiado fuerte y empiezo a tener dolores de estómago. El tramo que queda hasta coronar la primera cota de la carrera, cerca del kilómetro 6 es además un sendero con algún punto complicado y que se empina aún más.

Una vez arriba, el tramo siguiente es quizá la parte menos agradecida de la carrera. Durante unos cuantos kilómetros, el terreno es casi todo cuesta abajo, sobre todo por pistas agrículas y olivares, pero bajo incómodo, acalorado, empiezo a tener calambres en el estómago, y el líquido de los avituallamientos no me calma la sed. Malo.

Pero lo peor está por llegar. Después de bajar de Tózar y llanear durante casi dos kilómetros, bajamos al cauce del río que separa este pueblo del término de Moclín. Esta es sin duda la parte más bonita de la ruta: se desciende por un sendero empinado hasta el río, que se cruza por un espectacular puente colgante y una pasarela. Aquí se nota el fresco del agua y me da la impresión de revivir un poco. Lo siguiente, sin embargo, es salir del valle por un empinadísimo sendero lleno de piedras y escalones donde las fuerzas me abandonan totalmente. Ando todo el tiempo, me detengo a ratos para recuperar el resuello, pero las molestias van a más. Pocas veces me he sentido tan débil.

Llegamos a Moclín y se termina esta pequeña tortura, y a partir de ahí comienza una larguísima cuesta abajo, desde el kilómetro 16 hasta poco antes del 20; una pista ancha y polvorienta en la que hay que tener cuidado para no salir patinando, y que te deja en el pueblo de Olivares. Aquí prácticamente se acaba la parte de montaña. Hay que atravesar las empinadas calles del pueblo hasta abandonarlo por la parte alta del pueblo. Todo ese tramo lo hago andando, y a partir de ahí alterno caminar con trotar, prinero por un camino agrícola y después por asfalto, casi todo cuesta arriba. Cae la noche a unos 6 kms de la meta, y enciendo el frontal. Pasadas tres horas desde la salida, a ratos me siento medio flotar en la carretera, rodeado por la pequeña burbuja de luz de mi linterna.

Mapa y altimetría

huella del buhoPincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. A pesar de mis penas, bastante bien la organización. Cosas a mejorar: las señales de orientación dentro de los pueblos eran bastante precarias (un folio con una fecha). Para los que íbamos por la mitad, algunas se habían caído o habían sido arrancadas, por lo que se dudaba bastante en algunas bifurcaciones. Respecto de la hora de la salida, ¿no sería más lógico retrasarla al menos una horita? La queja del calor fue muy generalizada.

Un buen compañero corredor de montaña, Néstor, me envía esta información para que le dé difusión. Se trata de una CxM nocturna, con una distancia de casi 14 kms y un desnivel acumulado nada despreciable de 1035m.

Es la primera CxM nocturna de la que tengo noticia, y desde luego la única en nuestro entorno más cercano. A buen seguro que mis compañeros de mis dos clubes, Granada Ultra Trail y Granabike-HIMAT, y yo mismo, responderemos con una buena participación. La idea y el esfuerzo lo merecen.

Más información e inscripción en: http://www.nocturnapradonegro.co.cc/

Perfil de la prueba

Ruta de trail running nocturo; 20.9km; Dificultad técnica: Media; Dificultad física: Alta; Zapatillas Asics Trabuco 13

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La ruta de este martes congregó sólo a parte de los habituales: Vanesa, Laure, Antonio, Aarón, Pablo y quien escribe. Quizá la dureza de la que veníamos avisando desde días atrás desanimó a alguno…

Se trata de un circuito casi calcado al que hicimos en Junio del año pasado. La única diferencia es que, en aquella ocasión, salimos del Hervidero siguiendo una acequia que lleva hasta el arroyo Huenes, lo que nos obligó a hacer un largo tramo de campo a través. El track de aquella ocasión era prácticamente inservible, dado que, de haberlo seguido, habríamos tenido que sortear varios obstáculos que, de noche, podrían haber sido peligrosos.

Decidimos la opción segura, a costa de que parte del recorrido perdiera atractivo, y hacer desde el Hervidero hasta el camino de la central eléctrica de Monachil (los primeros 7 kilómetros y medio) casi exclusivamente por pista y por asfalto. En cualquier caso, no es espectacularidad precisamente lo que le falta a este circuito, porque los dos tercios siguientes tienen casi de todo.

Primero, Los Cahorros, con el río Monachil encerrado entre altas paredes de roca, dejando sólo el espacio mínimo necesario para que pase una persona, y con sus famosos puentes colgantes (en la oscuridad más impresionantes si cabe). Después, la subida por la cara norte del Cerro Huenes. Aunque se llame “Cerro”, es un impresionante monte de más de 1600 metros de altura, que subimos casi íntegramente, hasta llegar al antiguo refugio (ahora cerrado) de Fuente Fría. La dureza de la subida se aprecia perfectamente en el perfil que os adjunto: aunque los 700 metros de desnivel se salvan, sin apenas descanso, en unos 6 kms, los últimos 300 se hacen en poco más de 1. No hace falta que explique cómo le sienta a las piernas un kilómetro al 30% de desnivel después de más dos horas en ruta…

Por último, sólo queda bajar por la cara opuesta de nuevo hacia el Puente de los Siete Ojos, primero, y al Hervidero, después. Una vereda angosta y técnica, que difícilmente deja a uno relajarse a partir de ir ya casi de continuo cuesta abajo.

En fin, hoy todos necesitaremos un poco más de descanso. Pero si alguien necesita un empujón, ese es Laure, la más joven incorporación al club, que nos se nos marcha al dique seco durante unos meses. Que sea para bien, que te recuperes pronto, y que vuelvas con esa simpatía y ese buen humor que no has perdido ni en las cuestas más empinadas.

Ruta de trail running nocturno; 15.5 km; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: media; Zapatillas Asics Trabuco 13

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Para ir despidiendo el verano, nuestro pequeño grupo de aventureros nos atrevimos con una de las rutas clásicas de la media montaña del Parque Natural de Sierra Nevada, bien conocida por ciclistas y senderistas. Cerca de las 10 de la noche nos reuníamos Emilio, Pablo, Laure, Vanesa, los dos Antonios, Aarón (recién reincorporado tras una larga ausencia), Manolo, y quien escribe. Por delante nos quedaban más de dos horas de puro trail running.

Nuestro punto de salida en esta ocasión fue el aparcamiento del Canal de la Espartera, a escasos dos kilómetros de Cumbres Verdes (La Zubia). Abandonamos el aparcamiento por el arranque de la vereda del Barranco del Búho. Los cuatro kilómetros de esta exigente vereda acaban en la ribera norte del río Dílar. Como puede observarse en la ruta interactiva, cometimos el pequeño error de dejarnos la salida hacia el río que nos interesaba, así que desde el final de la vereda tuvimos que desandar prácticamente un kilómetro para tomar una pista de descenso que nos habíamos dejado a la derecha. Quien quiera descargarse el track y seguirlo, puede ahorrarse este tramo sin problemas (kms del 3 al 4).

Llegados finalmente al punto de la ribera del río que andábamos buscando, no queda otra que meterse en él hasta más arriba de las las rodillas. La vereda del río Dílar va pasando de una ribera a otra constantemente. Si no conté mal, hasta un total de 11 veces. Esta ruta, por tanto, debe hacerse con buena temperatura y tras un periodo seco. Un par de días de lluvia o una temperatura más baja la convierten en una temeridad que puede llegar a ser muy peligrosa. Todos recordamos el caso reciente en el que las bajas temperaturas de este valle tras una noche de intensa nevada se convirtieron en mortales.

No era el caso, en esta noche de 20ºC de temperatura y luna llena, y tras varios meses secos y, aunque el agua bajaba ya bastante fresca, los remojones se soportaban bien e incluso se agradecían con el calor del esfuerzo. Eso, sin embargo, no impide que lo dificultoso del terreno hiciera correr algo bastante exigente.

Tras cuatro kilómetros de entrar y salir en el río, finalmente llegamos al camino ancho que lleva desde la Central Eléctrica de Dílar al pueblo de Dílar. No estaba en nuestros planes correr por este camino, sino subir por la tremenda cuesta que remonta el barranco en el que se encajona el río, desde la Central hasta su toma de agua, 400 metros en vertical más arriba. 400 metros que se ascienden en menos dos kilómetros. A estas alturas, un desnivel sostenido de entre entre un 20 y un 25% es la puntilla que remata las pocas fuerzas que nos quedan.

Por último, desde la toma de la Central, queda regresar al punto de partida, cuatro kilómetros de llano y falso llano por la base de la Boca de la Pescá, camino por el que poco a poco se va abriendo la vista de Granada iluminada ante nuestros ojos. Cansados, pero emocionados por lo exigente y lo espectacular de la ruta, sólo nos queda el camino de vuelta en coche a nuestras casas…

Ruta de trail running nocturno; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: media; 17.04 kms; Zapatillas Asics Trabuco 13

Nuestro modesto club por fin empieza a crecer. Fuimos nueve corredores los que nos adentramos anoche por los recovecos de la Granada cercana y, a la vez, menos conocida, para completar una ruta que no dejó a nadie indiferente, casi una integral del Parque Periurbano.

Pincha en la imagen para acceder a la ruta interactiva (y descargar el track)

El punto de partida es la Ermita de San Miguel Alto, a la espalda del Albayzín. Desde el descampado trasero de la Ermita, tomamos una vereda que se introduce rápidamente entre pinos para dar salida, primero, al cortafuegos de la Abadía del Sacromonte y, después, tras los primeros dos kilómetros de ruta, a la misma Abadía.

Desde la Abadía descendemos por asfalto a la Dehesa del Sacromonote, desde donde enganchamos el camino de Beas. Poco después de que desaparezca el asfalto, un puente a mano derecha nos permite salvar el Darro y seguir por su orilla durante dos kilómetros más, oyendo el rumor del río entre las zarzas, ascendiendo suavemente su curso, y salvando los dos arroyos que dan al cauce principal. Al final de esta zona tranquila nos encontramos el antiguo cortijo de Jesús del Valle, hoy en ruinas, en el que hacemos una breve parada.

Seguimos nuestro camino a la derecha, por la pista principal, pero abandonamos ésta casi de inmediato para introducirnos en una empinada trialera que empieza a castigar nuestras piernas. Haciendo un breve rodeo nos acabamos encontrando la no menos dificultosa Vereda del Árbol Caído, que conduce al Cerro del Sol, en el Llano de la Perdiz, cerca de la cancela de la que arranca el camíno de Dúdar.

Nos quedamos deambulando un rato por el Llano, en parte porque, en la oscuridad, yo me desoriento y me cuesta encontrar la bajada hacia la vereda del Quejigal del Darro (la famosa vereda de las “cinco curvas”). Cuando finalmente la encontramos, hacemos un rápido descenso de las primeras tres curvas, pero abandonamos la vereda señalizada para quedarnos a media ladera y llanear durante un largo trecho, en el que el camino se pone dificultoso, con una pizca de peligro a veces, pero que merece los arañazos en las piernas por la vista de Granada iluminada que se va abriendo al fondo del valle ante nuestros ojos.

Poco antes de que la vereda acabe en el cortafuegos de la Dehesa del Generalife, descendemos por unas zetas escondidas hacia la vereda baja del Quejigal, esta sí, bien conocida por ciclistas y senderistas. Sin embargo, nos quedamos en esta vereda poco tiempo, porque un kilómetro escaso más adelante de nuevo tomamos una estrecha (y tupida) vereda que nos situa en la Acequia de la Alhambra; un rincón escondido, de enorme encanto, y muy poco conocido, que discurre por un lateral del Generalife. Para terminar la parte aventurera de la ruta, tomamos una última vereda entre la arboleda que nos conduce casi hasta la Fuente del Avellano, donde retomamos algo de nuestras fuerzas.

Ya estamos de vuelta en Granada, pero falta llegar de nuevo a la Ermita de San Miguel. Trepamos por las callejuelas del Albayzín, sin dejar de visitar el mirador de San Nicolas, la Plaza Larga y la Plaza del Aliatar, para llegar, por la placeta del Mentidero a la Cruz de Piedra y salir del barrio por las cuevas de San Miguel, donde algún troglodita se lleva la sorpresa de ver ante su cueva a una serpentina de corredores con sus frontales iluminados…

Ruta mixta de asfalto y vereda; 19.6 kms; Dificultad técnica: Baja; Dificultad física: Muy alta; Zapatillas Mizuno Ascend de trail running

Ruta interactiva

Haz click en la imagen para acceder a la ruta interactiva

Para bien o para mal, no creo que la ruta de anoche haya dejado indiferente a nadie. Prometí una tirada que mereciese servir de entrenamiento para la ya más que próxima subida al Veleta y cumplí mi palabra.

Esta ruta contiene todo aquello que un buen ultracorredor (digamos, por ejemplo, Emilio, a la espera de sus comentarios) más ama y más odia. Para empezar, cuesta arriba sin calentar y por asfalto. Los ciclistas conocen bien la subida al Collado del Alguacil desde Guéjar: una carretera de montaña de 9 kms sin un solo descanso y con una pendiente media del 11%. Teniendo en cuenta que la subida al Veleta nunca pasa del 7% en las peores rampas, entiendo que alguien pueda decir que me pasé un poco. Pero avisar, avisé. Así que Laure y Vanesa, quizá sabiamente, se ahorraron este trago y se entretuvieron mientras tanto correteando por la zona.

Pasado el subidón, que hicimos en algo más de una hora, llegamos al Collado del Alguacil, y desde aquí – lugar de pasto veraniego de ganado vacuno – tomamos la vereda señalizada que conduce al Picón de Jérez. Obviamente, nuestras intenciones eran más modestas, así que ascendimos unos 6 kms, hasta el alto de las Catifas, aproximadamente, y desde allí tomamos el camino de regreso, desandando lo andado, de nuevo hasta el Collado del Alguacil. En total, paradas incluidas, toda la ruta nos dio para 3 buenas horas de running, en las que recorrinos casi 20km y ascendimos unos 1100m.

Por la lejanía desde Granada, o por estar cercana a la espectacular ruta de los Lavaderos de la Reina, esta es quizá una ruta menos conocida de lo que debiera. Lo bueno es que eso hace que también sea menos frecuentada. Y merece la pena conocerla. Nosotros la hicimos de noche, pero día ofrece una espectacular vista de la zona de los Lavaderos y el Veleta, la Alcazaba y el Mulhacén al fondo. Eso sí, en verano, porque en invierno toda la zona, a más de 2000m de altitud está totalmente cubierta de nieve.

Por supuesto, como siempre, muchas gracias a mis compañeros de fatigas: Emilio, Manolo, Laure y Vanesa, por demostrarme la paciencia que pueden llegar a tener semana tras semana.

Ruta de trail; 13’250km; Difícultad técnica: Baja; Dificultad física: Media-baja; Zapatillas Mizuno Ascend

Esta es una ruta repetida, que en su día hicimos Vanesa, Guillermo, Marc y yo, aunque en su momento no la grabé. Pues bien, aprovecho para incluir en el blog su descripción ahora. En esta ocasión estábamos los ya habituales Emilio, Laure y yo, más Vanesa, que vuelve con ganas a los entrenos tras una larga temporada en la nevera.

No es una ruta complicada en ningún aspecto, pero por su perfil y pendiente nos viene bien como parte de nuestro entrenamiento para la subida al Veleta, para la que ya quedan poco más de dos semanas. Como se observa en la ruta interactiva, está prácticamente partida en una mitad de subida (la Cañada del Sereno) y una de bajada (la pista principal de la Sierra de Huétor y la pista de la Fuente de la Teja), salvo por una subida final de casi dos kilómetros. El perfil incluido en la ruta interactiva es suficientemente ilustrativo:

Haz click en la imagen para acceder a la ruta interactiva

Para quien no conozca la ruta, lo más interesante se encuentra a la ida. La Cañada del Sereno es un sendero suficientemente ancho y limpio para hacerse de forma cómoda y sin perderse incluso de noche. De hecho, no es sólo popular entre caminantes y corredores, sino también entre ciclistas. Aún así, hay que tener cierta precaución porque es muy pedregosa y un tropezón puede salir caro.

Para llegar al inicio de la ruta hay que desviarse de la A-92 (dirección Almería) al llegar al Puerto de la Mora, y seguir la indicación del PN de la Sierra de Huétor. A escasos 200 metros del desvío nos encontramos con el arranque de una pista forestal que da acceso a la Casa Forestal de los Peñoncillos. Desde este punto, el arranque del sendero está señalizado. El track completo de la ruta puede descargarse desde el enlace “exportar” en la ruta interactiva.

 

 

Entrenamiento por pista asfaltada; 20.6 km; Zapatillas Mizuno Ascend de Trail; Dificultad técnica: Baja; Dificultad Física: Alta

Está claro que los entrenos nocturnos de trail running de esta temporada están llevando más pimienta de la habitual. Si el trail por Sierra Elvira tuvo de todo un poco, y el de la Cañada del Sereno incluyó una lesión que nos obligó a volver andando, con lo que no contábamos ayer en el Pico Veleta era con rachas de viento de 70 km/h y una temperatura (a la altura de la Hoya de la Mora) de 6.5 ºC. Esos seis graditos, 500 m más arriba, bien podían ser 4 ó 5, en pleno Julio y con viento huracanado.

La experiencia, desde luego, es dura pero inigualable. En los tramos contra viento era casi imposible avanzar, en los que teníamos al viento a favor era como si volásemos. Y la luna casi llena nos permitía correr con los frontales apagados. Gran parte del camino fuimos muy distanciados unos de otros, y recorrer ese paisaje casi desértico y de aspecto lunar era a ratos casi hipnotizador.

La ruta no tiene secretos, puesto que es una carretera con un solo desvío a la izquierda en todo el camino, en todo momento cuesta arriba y de perfil constante. Aún así, cuelgo la ruta interactiva, por quien tenga interés en los datos altimétricos.

Pincha en la imagen para la ruta interactiva

Como puede observarse, en esta ocasión, a diferencia del año pasado, no hicimos cumbre, sino que nos quedamos a escasos 500 metros. Con el viento habría sido objetivamente peligroso, especialmente pasada la madrugada.

Aparte de los incondicionales Emilio y yo mismo, se nos unió Laure, que va camino de convertirse en clásico, y Manolo, recién regresado a su tierra de la llana Castilla, y al que animamos a que no se pierda los siguientes entrenos (con la mente puesta en el ultra Granada-Veleta en escasas 3 semanas… Dios nos pille confesados).

Ruta de trail running nocturna; Dificultad técnica: Alta; Dificultad física: media-alta; Zapatillas: Mizuno Ascend.

Punto de inicio de la ruta (Foto en Panoramio por pineda22)

A las 8 caía sobre Granada una tromba de agua que dejaba la circunvalación colapsada y algunos garajes inundados. Sólo una hora después Emilio, Xurxo y yo estábamos en la habitual esquina mirando al horizonte e intentando decidir donde era menos probable que nos partiese un rayo.

“Sierra Elvira”, decide Emilio, “Una cosa cercanita y asequible” pienso yo, “ideal para el principio de la temporada de montaña”…

Vista de pájaro de la ruta

Asequible mis narices, por no decir algo más fuerte. Empezamos a subir por una vereda con más del 20% de desnivel y al poco se hace de noche. En estas estamos cuando dice Emilio, “¿Veis aquel picacho de allí? Pues allí vamos.” El picacho en cuestión es el Mojón de Enmedio, y piensa uno que que coronarlo no implica abandonar el camino, por pedregoso y estrecho que sea, y aún así 15 minutos después me veo a cuatro patas trepando riscos, y metido entre zarzas arañándome las manos y las piernas, cerca ya de la medianoche.

Después de ascender 500 m verticales, monte a través, en poco más de dos kilómetros, merece la pena echar la vista atrás y ver las luces de toda Granada y su vega hasta donde alcanza la vista. Y respirar, porque ahora toca bajar, por un sitio del que Emilio afirma a) “No, si yo ya he estado por aquí antes” b) “Hay vereda” y c) “Yo la recordaba un poco más llana”, en ese orden. Lo primero no lo pongo en duda, puesto que finalmente salimos de allí. Lo segundo y lo tercero, o es falso, o la noche me confunde.

Finalmente accedemos a una vereda, y, siguiendola, vemos cada vez más cerca el Torreón de Atarfe iluminado. Lo dejamos a nuestra izquierda, avanzando por una nueva vereda ente pinos y llena de toboganes, sin llegar a trepar a la atalaya en la que se encarama. En pocos kilómetros, los pinos desaparecen y avanzamos por la ladera de un cerro, que deja a nuestra izquierda las urbanizaciones entre Atarfe y Albolote, desde donde los perros detectan nuestra presencia, llenando el aire de ladridos lejanos. Doblamos un recodo, y aparece la Ermita de los Tres Juanes. Llegados a su base, atacamos las escaleras de piedra que conducen al empinadísimo sendero que, un trabajoso kilómetro después, nos deja en la cumbre desde donde se asoma la Ermita.

Ahora sí, lo más duro parece que ha terminado. Bajamos un largo tramo por carretera, otro tramo de llaneo por carril-bici y, finalmente, abandonamos el terreno fácil para meternos entre olivares y descampados. Orientándonos más por intuición que por conocimiento, vamos sorteando vallas, rodeando balsas de riego, y finalmente, tras una pendiente endiablada, terminamos tras tres horas de pateo nuestra pretendidamente asequible ruta nocturna de estreno de la temporada.

Pincha en la imagen para acceder a la ruta interactiva