Ruta de trail running nocturno de alta montaña; Dificultad física: alta; Dificultad técnica: Media; Zapatillas Inov-8 TrailRoc 245 (minimalistas-transición)

Hoy estoy que me salgo. Dos entradas el mismo día después de más de un año sin escribir. Pero la ocasión lo merece.

Ejercía hoy de Cicerone Aarón Hicks, uno de los miembros supervivientes del grupo fundador de Granada Ultra Trail, haciendo honor a su historial. Le seguíamos Sergio Nogueras, Antonio Marín y yo.

La ruta comienza en la Cortijuela al caer la noche, en pleno corazón de la media montaña de Sierra Nevada, a los pies del Trevenque. Desde ahí salimos cuesta arriba en dirección hacia el Collado Chaquetas por la pista forestal. Al llegar al collado, encendemos nuestras linternas y abandonamos la pista hacia la izquierda, por un empinado y pedregoso sendero. Ascendemos penosamente y nos vamos adentrando en la zona de alta montaña, por encima de los 2000m, hasta llegar a la cresta de la Loma de Dílar. De vez en cuando nos cruzamos con algún grupo de vacas que se pasan el verano pastando por aquí. No sé quien se asusta más, si ellas o nosotras. Echamos la vista atrás y la luna nos deja entrever la cadena de cotas medias de los Alayos, y las luces de Granada brillan al fondo. Espectacular.

El camino por la cresta asciende de forma suave hasta llegar el Peñón de Dílar, a más de 2400m de altitud. Coronamos y durante un par de kilómetros podemos correr rápido, esquivando las lascas de pizarra y empezando a sufrir las dificultades que implican estas alturas. Al poco, el camino se empieza a empinar de nuevo, y allternamos caminar y correr hasta llegar al borde mismo de la estación de esquí.

Nos colamos dentro de las pistas de esquí (ahora sin nieve, lógicamente) y bajamos todo lo rápido que nos dejan las piedras y los matorrales. Al poco se abre una vereda que acaba convirtiéndose en un camino ancho y que, ahora sí, nos permite bajar rápido hasta Pradollano, donde los ojos brillantes de un zorro extrañado nos dan la bienvenida.

Desde Pradollano salimos por la Fuente del Mirlo y enfilamos el camino del Collado de Matas Verdes. Este camino es un continuo sube y baja; una vez tras otra vamos cruzando barranquillos por los que bajan arroyos, que luego hay que remontar. El verano ha resecado mucho el terreno, que tiene muchas piedras sueltas y tierra. En algunas zonas ha habido desprendimientos y, a pesar de que hay más bajada que subida, el avance se hace sufrido. Tanto Aarón como yo probamos el suelo, él incluso en una de las caídas se da un fuerte golpe en la espalda que lo deja un poco renqueante.

Tras innumerables subidas y bajadas por fin enfilamos la larga subida que nos deja en el mismo Collado de Matas Verdes (que da nombre al camino). De nuevo el Trevenque y las luces de Granada se abren ante nuestros ojos, y sólo queda descolgarse un par de kilómetros más hasta llegar, cerca de las 12.30 de la noche, cansados y magullados, al punto de inicio de la ruta.

Mapa y altimetría de la ruta

Collado de Matas Verdes

Pincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. Mención aparte se merecen las zapatillas. Acabo de adquirir unas Innov-8 TrailRoc 245, unas zapatillas con sólo 3mm de drop, lo que las convierte en unas minimalistas o incluso en unas buenas zapatillas de transición al barefoot. Acostumbrado a correr con zapatillas con poco drop en asfalto, no me ha costado demasiado adaptarme a ellas. El agarre es muy bueno, y a pesar del poco drop, la suela aguanta bastante bien los terrenos técnicos. En general van muy vien subiendo, pero no tanto en el llaneo y las bajadas.

El upper no tiene tensores ni protecciones, lo que las hace muy cómodas y ligeras. El único inconveniente es que la ausencia de protecciones laterales y superiores deja el pie desprotegido. En una zona con tantos arbusto y pinchos como ésta, no es un incoveniente menor.

Carrera de montaña, 29 kms; Dificultad física: Alta; Difultad técnica: media-baja; Zapatillas Mizuno Wave Ascend 8

Clasificación y fotos de la organización, Fotos de Granada x el running

Llevo meses sin escribir una entrada nueva. No hay de qué preocuparse. La vida me mantiene entretenido con menesteres más urgentes, pero corro igual o más que siempre, aunque, eso sí, compito algo menos. En todo este tiempo casi he dejado las carreras cortas, pero han pasado los maratones de Valencia 2013, Sevilla 2014 y Madrid 2014, con suerte desigual.

Esta entrada se debe a que en esta carrera han pintado bastos de verdad. La tormenta perfecta: algo de malestar estomacal previo, 35ºC en la salida, exceso de confianza, no haber estudiado convenientemente el perfil y, sobre todo, el mayor peligro de todos los corredores: la deshidratación (seguramente como consecuencia de todo lo anterior).

La ruta comienza en el pueblo de Colomera a las 6 de la tarde, y lo hace fuerte. Tras algo más de un kilómetro callejeando cuesta arriba por el pueblo, abandonamos éste y tomamos un camino que lleva con pendiente constante y ascendente hasta aproximadamente el kilómetro 5, donde está el primer avituallamiento. Para este punto ya me ha quedado bastante claro que no lo voy a pasar bien; he salido demasiado fuerte y empiezo a tener dolores de estómago. El tramo que queda hasta coronar la primera cota de la carrera, cerca del kilómetro 6 es además un sendero con algún punto complicado y que se empina aún más.

Una vez arriba, el tramo siguiente es quizá la parte menos agradecida de la carrera. Durante unos cuantos kilómetros, el terreno es casi todo cuesta abajo, sobre todo por pistas agrículas y olivares, pero bajo incómodo, acalorado, empiezo a tener calambres en el estómago, y el líquido de los avituallamientos no me calma la sed. Malo.

Pero lo peor está por llegar. Después de bajar de Tózar y llanear durante casi dos kilómetros, bajamos al cauce del río que separa este pueblo del término de Moclín. Esta es sin duda la parte más bonita de la ruta: se desciende por un sendero empinado hasta el río, que se cruza por un espectacular puente colgante y una pasarela. Aquí se nota el fresco del agua y me da la impresión de revivir un poco. Lo siguiente, sin embargo, es salir del valle por un empinadísimo sendero lleno de piedras y escalones donde las fuerzas me abandonan totalmente. Ando todo el tiempo, me detengo a ratos para recuperar el resuello, pero las molestias van a más. Pocas veces me he sentido tan débil.

Llegamos a Moclín y se termina esta pequeña tortura, y a partir de ahí comienza una larguísima cuesta abajo, desde el kilómetro 16 hasta poco antes del 20; una pista ancha y polvorienta en la que hay que tener cuidado para no salir patinando, y que te deja en el pueblo de Olivares. Aquí prácticamente se acaba la parte de montaña. Hay que atravesar las empinadas calles del pueblo hasta abandonarlo por la parte alta del pueblo. Todo ese tramo lo hago andando, y a partir de ahí alterno caminar con trotar, prinero por un camino agrícola y después por asfalto, casi todo cuesta arriba. Cae la noche a unos 6 kms de la meta, y enciendo el frontal. Pasadas tres horas desde la salida, a ratos me siento medio flotar en la carretera, rodeado por la pequeña burbuja de luz de mi linterna.

Mapa y altimetría

huella del buhoPincha aquí para acceder a la ruta interactiva

P.D. A pesar de mis penas, bastante bien la organización. Cosas a mejorar: las señales de orientación dentro de los pueblos eran bastante precarias (un folio con una fecha). Para los que íbamos por la mitad, algunas se habían caído o habían sido arrancadas, por lo que se dudaba bastante en algunas bifurcaciones. Respecto de la hora de la salida, ¿no sería más lógico retrasarla al menos una horita? La queja del calor fue muy generalizada.

Rutas de trail running; Dificultad técnica y física: Media-alta; Zapatillas: Adidas Adizero XT (Lavaderos) y Asics Trabuco 13 (Alayos).

Llevo tiempo sin actualizar el blog. Me resulta difícil encontrar ganas y tiempo para escribr. Por suerte, no para correr. Sí es cierto que he pasado de competir en torno a 14 ó 15 veces al año, a no más de tres o cuatro. Algo debe haber cambiado en mi filosofía como corredor, que ponerme un dorsal (y escribir sobre ello) significa cada vez menos y correr casi cada día cada vez más.

En este tiempo he corrido algunas pruebas a las que les tenía muchas ganas. Primero, el 10.000 popular de Canillejas, el que dicen que es el más rápido de toda España por su desnivel total ligeramente negativo. Segundo, el III Maratón de Málaga, que no fue homologado por un error en el circuito, que se solventó finalmente para salvar los 42km 195m (lo que no terminó de convencer a los técnicos de la Federación). Y tercero, y por cuarta vez, el Maratón de Madrid.

Sin haber entrenado de forma particularmente específica para ninguno ellos, en los tres hice marca: 38′ 30”, 3h 12′ 40”, y 3h 11′ 28”, respectivamente. Mi rutina de correr ácrata no parece dar malos resultados. Nunca sabré que pasaría si me sometiera a una rutina más formal de entrenamiento, pero eso, la verdad, no va a pasar.

Respecto del correr cotidiando, no creía yo que Sierra Nevada tuviera muchas más posibilidades de sorprenderme. Me equivocaba. Nuestro club Granada Ultra Trail ha programado dos rutas este mes de Junio que han resultado ser rotundamente espectaculares.

La primera de ellas ha sido un clásico del final de la primavera. La visita a los Lavaderos de la Reina es obligada hacia finales de Mayo o primeros de Junio. La diferencia es que, en lugar de acceder a los mismos por el refugio de Peña Partida o por la Acequia del Papeles, arrancamos del Collado del Alguacil para bajar hacia el Maitena y luego remontar campo a través hasta la misma cascada de los Lavaderos. La vuelta la hicimos por la Peña del Soldado y las Catifas, de vuelta hacia el collado del Alguacil. Esta primavera tan húmeda y fría ha dejado grandes cantidades de nieve en algunos tramos, lo que hizo la ruta más dura, pero también mucho más espectacular.

Acceso a la ruta interactiva

Granada Ultra Trail en los Lavaderos de la Reina

Granada Ultra Trail en los Lavaderos de la Reina

Granada Ultra Trail en los Lavaderos de la Reina

Granada Ultra Trail en los Lavaderos de la Reina

La segunda ruta, la que hemos realizado hoy, ha sido algo más corta, pero en realidad mucho más exigente, por el calor, por el desnivel, y por lo escarpado del terreno. Partiendo del área recreativa del río Dílar, hemos remontado hacia el Canal de la Espartera y, desde ahí, hemos cruzado todo el Barranco del Buho hasta la toma del canal. Ahí, el río crecido por el deshielo nos preparaba una buena sorpresa. Cruzar el río no ha sido nada fácil, y tampoco del todo seguro, aunque finalmente pudimos tomar la vereda del Collado del Pino, buscando su cota máxima.

Desde allí, campo a través y entre peñas, hemos seguido avanzando a duras penas hasta encontrar la cuerda de los Alayos. Llegado este punto ya habíamos cubierto lo más duro de la ruta, con sus buenos 1300 m de desnivel positivo acumulado. Desde allí, “sólo” quedaba crestear todos los grandes picos de los Alayos y descolgarnos por un arenal interminable de nuevo hasta el río Dílar (donde cruzar no sólo ha sido bastante más fácil, sino también mucho más agradable, por lo refrescante).

Acceso a la ruta interactiva

La ruta de los Lavaderos convocó al club casi al completo. La de los Alayos sólo a algunos de los más habituales (Manuel, Sergio, Pedro, Aarón y éste quien escribe). Dos rutas muy distintas, con estilos muy distintos, pero ambas de las que dejan un poso de felicidad, de esos que duran hasta la siguiente aventura.

Carrera de fondo en ruta; 10.000m; Dificultad física: media; Zapatillas Mizuno Wave Rider

Clasificación, Fotos de la organización (sólo inscritos), Fotos (I), Vídeo (I), Vídeo (II)

Corren malos tiempos para que un banco organice una carrera solidaria. Admítanlo, cualquier intento de autopropaganda se acaba convirtiendo en contrapropaganda. Que los ciudadanos de a pie nos creamos eso del banco cercano y comprometido es complicado, así que como lavado de cara la cosa les ha funcionado regular.

Dicho esto, vayamos a los datos. De las 11.966 inscripciones, aproximadamente la mitad eran de la carrera 10k (10€) y la otra mitad para el 5k (5€). Si, como parece ser, el 90% de lo recaudado iba a proyectos educativos de ACNUR, la cuenta de la vieja dice que se recogieron algo más 80.000€. Llamadme cerdo capitalista, pero, copón, 80.000€ de una tacada es algo a lo que ninguna oenegé va a hacer ascos. Maquiavélico, pero cierto.

Política aparte, la carrera rozó la épica por otras razones. En la vida había corrido yo bajo tamaña manta de agua. Cuando me metí al metro de la Elipa, amenazaba; saliendo de la estación de Nuevos Ministerios chispeaba; ya en manga corta, calentando, llovía con ganas; pero es que para cuando sonó el pistoletazo de salida, jarreaba la de Dios es Cristo. Y aún así, salir chapoteando como alma que lleva el diablo Castellana abajo entre otras 10.000 almas con look recién duchado hasta tiene su encanto. Ahí están los vídeos para demostrarlo. Los cientos de personas que bajan, cruzándose con los cientos de personas que suben, forman un cuadro digno de aparecer en cualquer vídeo motivacional de esos que nos gustan a nosotros los corredores.

El recorrido es simple, pero el entorno lo hace diferente. No todos los días se corta la Castellana para que uno corra. La salida se encontraba unos doscientos metros calle arriba desde Nuevos Ninisterios. Se sale cuesta abajo, por la derecha según se avanza,  y se baja durante 3km. Se gira unos 50m antes de llegar a Cibeles y se sube por el lado contrario de la calle durante 5 eternos kilómetros, hasta llegar a plaza de Castilla. Y vuelta a bajar, ya a tumba abierta, camino de la meta. Eso es todo. Lo más rápido posible.

Y en esta ocasión fue bastante rápido. Tanto que, a pesar del perfil y de la lluvia, me he quedado a sólo 6′ de mi mejor marca en 10k, y he conseguido mi mejor clasificación relativa en una carrera de fondo (73 de 3680 que finalizaron). Lo malo fue luego volver en el metro hecho una sopa...

Carrera de fondo nocturna; 8.500m; Terreno urbano mixto; Dificultad: baja.

El éxito de la carrera nocturrna de Atarfe es un mistario. Me explico. Es la carrera más “antifondística” que conozco. Primero, se sale de una plaza de toros, con lo que el tapón a la salida es monumental (en los dos sentidos). Segundo, la distancia es de lo más inusual. Tercero, tiene desnivel, todo concentrado en la primera mitad de la carrera. Cuarto, se atraviesan todo sitio de lugares inverosímiles: polideportivos, parques con caminos de tierra, calles oscuras y embarradas… Y quinto, contiene curvas y requiebros – algunos de 180º – como para marearse.

Y aún así la carrera es un éxito de participación, de público, de ambiente y, sobre todo, de buen rollo. Lo cual demuestra dos cosas importantes sobre este deporte nuestro: que la mayor parte de las quejas de los corredores en la mayoría de las carreras son pamplinas, y que el atletismo popular lo hacemos, como su propio nombre indica, las personas, y que si nuestro objetivo es pasarlo bien corriendo, pues lo pasaremos bien corriendo.

Y eso que no me tocó ninguno de los 30 jamones sorteados. Si llega a tocarme, esta crónica ya habría sido una elegía.

Aquí lleváis el perfil y los detalles técnicos.

Media maratón internacional homologada. 21km 93m. Zapatillas Mizuno Wave Ride. Dificultad: media.

Ésta es una media que aún no había corrido, así que se impone entrada nueva en el blog.

Las cosas que se dicen de esta carrera por ahí son casi todas ciertas. Se corre al nivel del mar, lo que siempre es una ventaja, pero no es totalmente llana. Después de una salida multitudinaria (en la que se tarda al menos dos minutos en salir de la melé de corredores), en los primeros casi 4 kms se salvan unos 50m de desnivel, hacia la zona norte de la ciudad, rodeándola por el Este. Esta parte, además, es poco atractiva, por lo que puede atragantársele a más de uno.

Una vez alcanzada la altura máxima (77 m., en el km 3.69), sigue una bajada que se alarga hasta más allá del km. 7, camino del puerto. Después, siguiendo la línea de la costa, nos dirigimos hacia el anejo de Playa Granada. Salvando alguna pequeña irregularidad de unos pocos metros, el camino de ida, el callejeo por Playa Granada, y el camino de vuelta hacia el puerto son totalmente llanos. En gran parte de este recorrido, los que van se cruzan con los que ya regresan, lo que suele ser un pequeño acicate para aquéllos, y seguramente un obstáculo psicológico a superar para éstos.

Por último, una vez que se abandona el puerto, de nuevo por la vega hacia el casco urbano de la ciudad, la cosa se endurece, sobre todo en el último tramo, en el que hay dos largos kilómetros de cuesta arriba bastante pronunciada, en los que, si no se va con un poquito de reserva, la marca puede afearse bastante.

Los últimos 200 m. y la entrada en meta tienen su puntito de emoción. En la última parte la calle se estrecha bastante, y se concentra mucho público. Además, son cuesta abajo, por lo que lo más fácil es animarse y hacer un último sprint y ganarle algunos segundos al crono. Pena que no comenzase yo ese sprint unos metros antes, porque, al final, con mi marca de 1h., 27′ y 45”, me he quedado sólo a 2” de mi mejor marca, conseguida en la Media de Granada de 2010.

También se dice de esta media que el calor puede ser un gran enemigo, y que la humedad puede complicara todavía más. Lo cierto es que hoy nos ha hecho un día ideal para correr, con algunos jirones de nubes, que no dejaban que el sol pegara de justicia, y con 23º C de máxima. Lo dicho, unas condiciones inmejorables.

Por lo demás, es una carrera bien organizada, con un guardarropa decente, zona del corredor, con una camiseta de las que sí se pueden utilizar para correr y, sobre todo, con gran participación (y de buen nivel). No hay nada más que ver los mejores tiempos en las clasificaciones. El recorrido no es demasiado atractivo, salvando el encanto de correr junto al mar, pero aún así en las zonas urbanas se concentraba una cantidad respetable de público. Las zonas entre cascos urbanos se hacían más solitarias y también más duras, principalmente a la vuelta. Con todo, es una media que merece la pena correr y que, en general, no decepciona.

Sólo me queda agradecer a mi amigo Antonio Martos que me haya transportado hasta Motril, y que me haya dejado en la puerta de casa sano y salvo y, sobre todo, que me haya acompañado en esos entrenos a horas intempestivas de la mañana gracias a los cuales estoy recuperando el estado de forma que un día tuve. Desde aquí, un abrazo.

Pincha en la imagen para ver la ruta interactiva

Carrera por montaña; Terreno: Vereda, campo a través, cortafuegos y pista forestal; 17km; zapatillas Asics Gel Trabuco 13; Dificultad física: muy alta; dificultad técnica: media.

Clasificación y fotos en la página web de global-tempo.

Después de mucho tiempo sin actualizar el blog, me animo a vencer la pereza para dar cuenta de la primera carrera por montaña de Cenes de la Vega.

Pocos imaginarían que tan cerca de las mismas puertas de Granada capital pudiera sacarse un trail tan duro. A priori, me extrañaba la denominación de CxM, pero, visto lo visto, está más que bien puesta, ya que por dureza no tiene nada que envidiar a otras carreras del mismo tipo ya consolidadas.

Viendo el perfil, y esos más de 1000m de desnivel positivo en una distancia aparentemente corta (17km), y haciendo un cálculo bastante sencillo, podíamos haberlo imaginado. Sin embargo, una cosa es imaginar una carrera y otra es correrla. En nuestro caso, además, la experiencia corría en nuestra contra. Estábamos más que familiarizados con la zona, pero para elegir el recorrido la organización había evitado las pistas forestales – más obvias, más anchas, y de pendiente más constante – para decantarse por veredas y trozos de cortafuegos, cercanas a las mismas, pero de terreno mucho más quebrado y rompepiernas.

El punto de partida se encontraba en el casco urbano de Cenes. Desde ahí, un llaneo de algo menos de 3km por la ribera del Genil nos plantaba a los pies de uno de los cortafuegos que salvan el barranco del Balcón del Genil (la Raja Tomás) y te dejan en el Camino de los Neveros. El recorrido, sin embargo, abandonaba a las primeras de cambio el Camino de los Neveros por la derecha, para ir cresteando paralelamente al mismo. Ese cresteo constaba de 4 empinadísimas cuestas – de más del 30% de desnivel en algún tramo – y de muy breves descansos entre ellas. En total, algo más de 5kms de durísimo ascenso casi constante, en el que sólo era posible correr a cortos intervalos, que nos dejaban el cumbre del Cerro de los Majojos, un popular punto de despegue para parapentistas.

Una vez descendidos por la cara opuesta del cerro, nos enganchamos al camino de los Neveros, que descendemos entre el km 8 y el 10 de la prueba. A continuación abandonamos el camino por un cortafuegos técnicamente sencillo, pero de pendiente endiablada, donde se pueden alcanzar velocidades importantes. Por desgracia, ese largo y pronunciado descenso castiga las piernas tanto o más como los ascensos, y todavía queda por subir un largo tramo por la pista forestal que une la carretera de la Sierra y el Camino de los Neveros, antes de enfilar de nuevo el camino y el último cortafuegos que nos deja a las puertas de Cenes y a un kilómetro escaso de la meta.

En resumen, la dureza de la ruta no reside sólo en el desnivel, sino también en la brusquedad de las subidas y de las bajadas. Las subidas son inmensamente duras, pero igualmente las bajadas son largas, de fuerte pendiente y castigan las piernas extraordinariamente. Yo, dos días después, aún tengo unas agujetas que apenas me han dejado hoy rodar un poco para soltar las piernas.

No sí la publicidad, que rezaba que ésta es la carrera más dura de Sierra Nevada, puede tomarse por cierta, sobre todo teniendo en cuenta que la Media Maratón de Montaña que se celebra en breve durante el Mountain Weekend Festival (organizado por el Club Alpino Benalmádena) tiene una distancia y un desnivel medio mayor que ésta; pero, igualmente, no es una carrera para incautos.

En el apartado de la organización, todo fue razonablemente bien para ser una primera edición. Ya sorprende que en estos tiempos nazcan carreras nuevas. También, aunque a mi la cuestión de los regalos me la trae bastante al pairo, es de agradecer una bolsa del corredor bastante decente: una camiseta de las que se pueden usar de verdad para correr (y no como pijama o para trapos), y una gorra de running también utilizable. Del lado de las cosas a mejorar: un guardarropa más seguro y una recogida de dorsales un poco más ágil y, sobre todo, en la que se compruebe la identidad y la ficha federativa para evitar posibles sustos.

Ruta interactiva

Un buen compañero corredor de montaña, Néstor, me envía esta información para que le dé difusión. Se trata de una CxM nocturna, con una distancia de casi 14 kms y un desnivel acumulado nada despreciable de 1035m.

Es la primera CxM nocturna de la que tengo noticia, y desde luego la única en nuestro entorno más cercano. A buen seguro que mis compañeros de mis dos clubes, Granada Ultra Trail y Granabike-HIMAT, y yo mismo, responderemos con una buena participación. La idea y el esfuerzo lo merecen.

Más información e inscripción en: http://www.nocturnapradonegro.co.cc/

Perfil de la prueba

Maratón homologado: 42km 190m; Perfil prácticamente plano; Zapatillas Nike LunarElite

Track y ruta interactiva, Clasificación, Vídeos de Meta

Segundo intento frustrado de mejorar mis 3h 13′ de mejor marca, y segunda vez que viene el tío del mazo a dejarme KO tras 30 kms. corridos con más valentía que cabeza. Eso resume casi todo lo que hay que contar, en lo que a mi actuación se refiere, aunque todo lo demás bien merece unos comentarios, en su mayoría elogiosos.

Empezamos el sábado por la tarde: la recogida de dorsales se cierra a las 8pm, así que el bueno de Joe y yo vamos con tiempo y, desconociendo las distancias y el trasporte público, decidimos dar un paseo. Por el camino descubrimos quizá el único ‘pero’ de esta carrera. El Estado Olímpico, donde se sitúa la línea de salida y la feria del corredor, está a media hora larga del centro de Sevilla. Además, para una ciudad con tanto encanto como ésta, el paseo y el lugar de destino claramente la desmerecen. Los alrededores del estadio parecen haber envejecido antes incluso de haber sido totalmente terminados, y el estadio mismo produce una cierta sensación de descuido.

La entrega de dorsales, sin embargo, está perfectamente organizada. Hay más que suficiente personal y, por tanto, las colas son inexistentes. Y la bolsa del corredor está magníficamente dotada: camiseta técnica, shorts de running y calcetines, todo de marca Joma, probablemente de más valor en tienda de lo que costaba la inscripción anticipada.

A las 6.45 de la mañana siguiente suena el despertador, y nos levantamos con tiempo suficiente para el desayuno que marcan los cánones. Los nervios y la expectación se mezclan a partes iguales. Para Joe es la segunda maratón, para mi ya es la cuarta. He entrenado meticulosamente durante varios meses, pero un desafortunado encadenamiento de gripes y problemas digestivos cortó todo intento de preparación razonable hace casi un mes. Sinceramente, no sé que esperar de mi cuerpo (incertidumbre que luego se demostraría justificada).

Enfrentados a la necesidad de trasladarnos de nuevo hasta la quinta puñeta, esta vez tomamos un taxi. Llegamos. Es temprano, pero los alrededores del estadio ya bullen de actividad. Cientos de operarios de aquí para allí, seguridad, voluntarios y corredores, muchos corredores, se mueven como hormigas a nuestro alrededor.

Entramos en las entrañas del Estadio, y en ese momento es cuando uno empieza a entender por qué esta maratón, dicen, es la mejor organizada de la Península. Llama la atención la rapidez de funcionamiento del guardarropa, y el gran número de baños químicos, casi sin colas. Personalmente, me sorprenden dos cosas. La primera es que haya una zona climatizada para cambiarse, con suficientes sillas para todos y con grandes estufas. La segunda: una amplia zona de calentamiento (en realidad una pista de tartán cubierta) para ir entrando en materia sin sufrir las bajas temperaturas que, incluso en Sevilla, nos está deparando este invierno.

Se está bien dentro, pero me vence la curiosidad y salgo al anillo del estadio. Incluso con las gradas vacías, impresiona. Empiezas a imaginarte lo que será cruzar ese mismo túnel en la llegada a meta. Una de las marcas de la casa, que con más frecuencia aparece mencionada en las crónicas de decenas de corredores blogueros como yo. Empiezo a dar mis primeras vueltas de calentamiento. Las sensaciones son buenas. El ambiente se caldea y, antes de darme cuenta, ya estoy hombro con hombro con otros cinco mil corredores esperando el disparo…

Y por fin, la salida. Un poco lenta, por la necesidad de tener que apretarnos para atravesar las puertas del Estadio, pero, ya fuera, en seguida se abren largas avenidas que permiten coger velocidad de crucero en poco más de un minuto. A un lado y a otro, amplias extensiones sin construir, edificios de nueva arquitectura desperdigados. Impresiona cruzar el puente sobre el Guadalquivir para encarar el tramo de la carrera pero, pasado este punto, todo empieza a ser bastante monótono. El recorrido es llano, amplio, las avenidas se hacen kilométricas, interminables, y el paisaje no tiene gran cosa que destacar. Los kilómetros se suceden rápidamente uno detrás de otro en la primera mitad, pero poco a poco, las piernas empiezan a acusar el castigo físico y psicológico. Cruzo la media maratón con buenas sensaciones en 1h 34′ 33”. Sin embargo, para cuando empiezan a aparecer algunos puntos reconocibles (el Sánchez Pizjuán, el parque de Maria Luisa, la zona de Plaza de España…), mi cuerpo comienza a lanzar claras señales de alarma. Tal y como se aprecia en la ruta interactiva, la amenaza se concreta en el kilómetro 30, exactamente donde los libros dicen que suele hacerlo.

Haz click en la imagen para la ruta interactiva

Miro mi ritmo y, en poco más de un kilómetro, y sin que pueda hacer gran cosa para evitarlo, baja de 4′ 26” a más de 5’/km. De aquí en adelante – esto ya lo he vivido yo antes – sólo queda sufrir como un perro, durante una hora con sus sesenta minutos, cada uno de los cuales se estira como un chicle. A tramos consigo bajar de los 4’50”, en otros el ritmo sube por encima de los 5’15”. Por primera vez en mi vida en una carrera en ruta, tengo que parar, tomar aire y seguir. Mirando el track y teniendo en cuenta dos paradas (más o menos voluntarias) y otra más (obligatoria, vejiga llena obliga). La media de los últimos 12 kms se mantiene en torno a los 5’/km. Vivirlo es mucho peor que contarlo, y poco a poco veo como mi objetivo de bajar de las 3h 13” vuelve a escaparse. Para el kilómetro 34 ya era bastante obvio, así que supongo que eso añadió algún grado más al contador de fatiga.

Pero hasta el peor de los tormentos tiene su fin, y atravesar el túnel de entrada al estadio proporciona sensaciones impagables. Esa última vuelta resulta de gloria y tortura a partes iguales. Nada más cruzar la línea de meta, una amable voluntaria me echa una toalla por encima (dan ganicas de darle un abrazo y llorar teatralmente en su hombro) y sólo entonces uno empieza a darse cuenta de lo que acabada de hacer. Una vez más.

En el interior casi inmediatamente localizo a Joe, quien, por cierto, me había pasado como una flecha en el kilómetro 25. También el había “muerto las mil muertes” (en sus propias palabras), pero había conseguido entrar en 3h 14′ 45”, casi cinco minutos por delante de mis 3h 19′ 33”. En este punto, de todas formas, el tiempo ya casi ha dejado de tener importancia. Mi cabeza sigue corriendo por las calles de Sevilla.

Rutas de trail running; 20 y 21 kms (respectivamente); Terreno: Pista, camino rural, plataforma del tranvía minero y vereda; Dificultad física: media; Dificultad técnica: Baja; Zapatillas Mizuno Ascend.

Este blog ya lleva un par de entradas dedicadas al antiguo distrito minero de Linares, pero los anteriores tracks no habían quedado del todo redondos, sobre todo porque grababa a la vez que exploraba la zona. Ahora que la conozco un poco mejor, tengo la oportunidad de ofrecer dos variantes prácticamente circulares que aprovechan casi todos los senderos (o al menos los más llamativos).

Sendero de Paño Pico. Foto de cecimp en Panoramio

Las dos tienen su arranque en el Paseo de Linarejos (Linares), y discurren por la pista que sale de la Ermita de la Virgen de Linarejos hasta llegar a la antigua Fundición de San Luis. Tomando el camino que sale a la derecha desde la Fundición se llega casi sin pérdida hasta el Cortijo de Don Fabián, y un poco más adelante, siguiendo una vereda ligeramente ascendente situada a nuestra izquierda, a la parte alta de la Cuesta del Mimbre. Descendiendo ésta sólo unos metros nos encontramos ahora a la izquierda una vereda que, en unos pocos metros, se convierte en un camino algo más ancho, y que acabaremos abandonando de nuevo a la izquierda siguiendo las indicaciones de la central eléctrica minera de San José. Desde allí, siguiendo ahora el indicador de la Mina la Mejicana, nos adentramos en el precioso sendero de Paño Pico hasta llegar al Radio-faro (un conjunto de antenas de repetición que hacen de fácil punto de orientación).

Desde este punto, continuando recto tenemos una rápida vía de escape hacia Linares, atravesando la Urbanización de La Cruz. En lugar de ello, yo tomé el camino que, junto al Radio-faro, desciende a mano derecha hacia la Dehesa de Guarromán (sendero del Cerro de las Mancebas). Justo al llegar junto a los invernaderos, se toma el camino de la derecha hacia la Garza, y continuamos recto hasta llegar a la Cuesta del Mimbre y subirla entera. Para no repetir la vereda de subida, tomo una paralela que discurre junto a una valla y que, igualmente, me deja en el Cortijo de Don Fabián. De nuevo, para no repetir el camino de ida, tomo la vereda paralela que queda justo a la derecha y, atravesando un arenal, me encamino hacia la pista principal (Linares-La Cruz) desde donde, ahora sí, no queda más remedio que repetir una buena parte del camino de ida, aunque ligeramente cuesta abajo se hace ahora cómodamente.

El track puede exportarse desde la siguiente ruta interactiva:

Distrito minero de Linares (variante 1, por la Cuesta del Mimbre)

La segunda variante es igual a la primera hasta llegar al Cortijo de Don Fabián. Desde aquí, sin embargo, en lugar de tomar la vereda que conduce en sentido ascendente hacia la Cuesta del Mimbre, tomamos la que hay justo antes, que conduce -ahora en sentido descendente- hacia la Garza, pasando junto al Pozo Cota 0 y el Calvario. Pasamos junto a la Garza en sentido hacia la Dehesa de Guarromán pero, en lugar de seguir el camino del Cerro de las Mancebas, nos desviamos a la izquierda en dirección al Lavadero de Arrayanes, el Pozo Zulueta y el Pozo San Ignacio. En el tercio final de este camino encontramos un desvío que nos lleva hacia la Central de San José y hacia el Sendero de Paño Pico (común a las dos variantes). Esta vez, en lugar de descender junto al Radio-faro, llaneamos recto, atravesamos la Urbanización de La Cruz y regresamos siguiendo la pista principal de vuelta hacia Linares.

De nuevo, el track puede exportarse desde la siguiente ruta interactiva:

Distrito minero de Linares (variante 2, por el Lavadero de Arrayanes)

Para terminar, las dos rutas sobreimpresionadas. Como puede observarse, haciendo las dos, hay pocos puntos de interés en la zona que se queden sin visitar.

El distrito minero de Linares, casi al completo